Oklahoma City Thunder se ha despedido en Primera Ronda de Playoffs, tras una eliminatoria que Utah Jazz controló y resolvió en seis partidos (2-4) a pesar de no tener factor cancha a favor. El adiós a competir deja muchas dudas en lo deportivo, diversos dilemas abiertos en lo económico y una serie de factores que pueden explicar de dónde proviene el amargo final para un proyecto obligado -de nuevo- a reinventarse en los próximos meses.

Fracaso ofensivo y hero-ball: Los Thunder se enfrentaban a una defensa de élite y su sistema ofensivo, predecible hasta el extremo por tramos, acabó naufragando por completo. Oklahoma ha producido sólo 100.7 puntos por 100 posesiones en la serie, un dato ofensivo equivalente al de Phoenix este año en la fase regular, es decir el peor de toda la Liga. Sin circulación de balón (el equipo que menos veces pasó el balón en playoffs), abusando de aclarados y el juego 2×2 ante un sistema altamente preparado para ello (Utah ha dejado en datos pobres el ataque de los Thunder en esos tres apartados: juego de aclarados, pick&roll donde finaliza el hombre con balón y pick&roll donde finaliza el hombre que pone la pantalla), el equipo acabó entregando al monólogo de Westbrook.

En los tres últimos partidos de la serie, sin respuestas desde el banquillo ni alternativas, Westbrook absorbió un 43% de uso ofensivo. Es decir, finalizó (con tiro de campo, tiros libres o pérdidas) un volumen de ataques de los Thunder cercano a la mitad. En los dos últimos ese dato se elevó al 47% y de haber proseguido la serie, se podría intuir que rebasase el 50%. El hero-ball de Westbrook -a turnos con George- rescató a los Thunder en el quinto partido pero fue un espejismo. Utah tuvo a ambos por debajo del 41% de acierto en tiros en la eliminatoria, con un volumen ofensivo gigantesco. Es decir Utah tuvo a los Thunder justo donde quería, obligándoles a una heroicidad que, ante su picadora de carne atrás, podría resultar insuficiente. Y así fue.

Donovan, sin respuestas: Claramente superado por Quin Snyder en la serie. Incapaz de ofrecer respuestas para el cinco inicial de los Jazz (que dominó la serie) y sin variantes en los formatos que hubiesen podido dinamizar el escenario, acabó entregado a Westbrook con un equipo que, en teoría, daba para más. En ataque no hubo alternativa al pick&roll para que Westbrook decidiese, no hubo jugadas para el tirador y tampoco se buscó el uso de formatos más pequeños que, aún perdiendo el rebote, obligasen a Utah al ajuste. El quinteto que unió a Abrines y Grant (tiro del primero y despliegue atlético del segundo), con el Big Three real (Westbrook, George y Adams) obtuvo fantásticos resultados durante sus minutos en pista. Pero se vio sólo 20 minutos en toda la serie.

De igual modo no se incidió en formatos con dos bases para tratar de reanimar una circulación de balón bajo mínimos y atrás el equipo vivió en el excesivo riesgo de buscar la pérdida en el ataque de Utah, algo que logró en diferentes fases del duelo para usar la transición, a costa de permitir que los Jazz, una vez superaban la agresividad de la primera línea defensiva, encontrasen buenas situaciones de tiro. Utah no es un equipo que destaque por su potencial ofensivo (en la media de la Liga en fase regular en cuanto a eficiencia ofensiva) pero no sufrió en demasía ante Oklahoma. Más allá del desequilibrio masivo de George en el primer duelo y el ‘milagro’ que provocó Westbrook en el quinto, la eliminatoria fue en todo momento controlada por Utah. En su caso, por el plan de Snyder.

El apagón de Carmelo Anthony: En los primeros encuentros de la eliminatoria, estuvo en pista 37 y 38 minutos respectivamente. En ninguno de los dos últimos llego a 27. Y ese marcado descenso no fue casual, Anthony ha estado muy lejos de ser un factor ante Utah, un equipo ante el que su acción en ataque (de haber sido eficiente) podía haber limitado el recurso de Favors, pudiendo haber obligado a los Jazz a formatos más pequeños que invalidesen su poder a media pista y en rebote.

No sólo no lo hizo sino que acabó totalmente engullido incluso en ataque. Carmelo se quedó en siete puntos en los dos últimos duelos, sus porcentajes fueron muy pobres toda la serie (37% en tiros de campo, 21% en triples) y su defensa fue un compromiso que Utah supo castigar. Favors fue, tras Joe Ingles, el jugador con mejor net rating de Utah y el formato con las dos torres (Favors-Gobert) destrozó a los Thunder como costumbre (+26 puntos por 100 posesiones frente al rival). La peor eliminatoria de Playoffs de su carrera y el compromiso que puede suponer para Oklahoma si ejecuta la opción de jugador de su contrato, por casi 28 millones para el curso que viene.

Consecuencias de la baja de Roberson: Por mucho que la narrativa a inicios de curso señalase a los Thunder como un conjunto vinculado a dominar en ataque, la realidad es que el equipo estaba diseñado -pese a Anthony- principalmente para defender. La presencia del triángulo Roberson-George-Adams, tres jugadores de calibre All-Defensive Team, servía los pilares para asfixiar el ataque de los rivales desde el dominio físico. La lesión de Roberson en enero cambió por completo el escenario.

Roberson no destacaba por aportar grandes números en lo individual pero su acción era vital dando equilibrio al sistema. Los Thunder permitían este curso sólo 96 puntos por 100 posesiones con él en pista, dato que lideraría la Liga con amplia diferencia. Pero sin él permitían 11 puntos más. Roberson habría dado una opción defensiva directa sobre Mitchell, que acabó destrozando a Oklahoma con una serie para la historia (28 puntos por partido, con 46% de acierto en tiros), permitiendo respiro a George atrás. Y el factor rebote se habría visto mitigado por otro apoyo muy útil en ese aspecto, especialmente el ofensivo (Oklahoma fue el mejor equipo en fase regular consiguiendo capturas en aro ajeno, pero ese recurso desapareció ante el tamaño de Utah). Roberson acaparaba muchos menos focos que cualquier miembro del cinco inicial, pero su ausencia demostró lo importante que era para fortalecer la estructura colectiva. Una estructura que, sin él, dejó únicamente a Steven Adams como sostén. Adams acabó enjaluado, luchando en solitario contra la telaraña de los Jazz.

Concepción de equipo: La imagen final de los Thunder ofreció a Westbrook lanzando 43 tiros de campo (de los 93 totales del equipo), George descentrado, Anthony sin encontrar su sitio y con un parcial de -19 en apenas 26 minutos, Adams batallando contra todos y el banquillo con un papel muy reducido. Sin respuestas desde el banquillo y la permanente sensación de que lo que pudo haber servido para sobrevivir el año pasado (todo para Westbrook) no experimentó evolución durante el actual. De que el equipo no estaba preparado, como bloque, para algo así. Una suma inconexa de talentos que no llegan a comportarse como uno solo. Todo lo contrario que su rival.

Los Thunder no llegaron a ser un equipo consistente ante unos Jazz que, sin factor cancha, pudieron haber resuelto la serie en apenas cinco partidos. Esa visión de inestabilidad y caos, de no haber una estructura lo suficientemente sólida como para que todas las partes puedan sumar (mucho o poco, pero sumar), puede tener consecuencias. George es agente libre en verano y no le faltarán propuestas atractivas, se desconoce qué sucederá con Anthony y el proyecto parece contar con muchas preguntas y muy pocas respuestas. A decir verdad respuestas considerables sólo parece haber dos: el salvaje espíritu competitivo de Westbrook, por momentos indomable, y el (inmenso y a menudo infrautilizado) valor de Adams como interior en la NBA actual. El resto parece estar en el aire.