Dulzura caníbal: Por qué Jayson Tatum es ya una estrella NBA, por Andrés Monje

julio 25, 2018

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Contaba Reid Forgrave, hace algo menos de un año, que cuando a Jayson Tatum le preguntaron por primera vez en el colegio qué quería ser de mayor, respondió sin dudar.

  • “Quiero ser jugador NBA” -dijo.
  • “Ahora escoge algo realista, Jayson” -respondió la profesora.

Al día siguiente la madre del niño, Brandy Cole, acudió a la escuela. Y el motivo era muy sencillo. Nadie iba a jugar con las ilusiones de su hijo.

  • “Señora, con todo el respeto, si usted le pregunta a mi hijo una cosa y él responde, no creo que sea apropiado decirle que eso sea algo que no sea capaz de lograr, cuando yo en casa le insisto que puede conseguir cualquier cosa que pueda soñar” -le explicó.

Hoy aquel niño es una estrella NBA. Porque a Jayson Tatum se le puede empezar a considerar ya como tal. Con él sobra incluso la muestra, no hace falta bucear mucho, basta comprobar su lenguaje corporal durante los primeros playoffs de su carrera, pisando finales de conferencia, teniendo enfrente a Lebron James y a un solo triunfo de ganar el Este. Con Tatum simplemente basta observar, darse cuenta de que los tres grandes pilares que exhibe como rutina, unidos a su capacidad innata para trabajarlos bajo el foco, no tienen otro camino posible que no sea la cima. Tatum es muy bueno. Muy, muy bueno.

Y esto solo es el inicio.

Fundamentos y timing

Simplemente ver a Jayson Tatum botar y armar la suspensión traslada de inmediato el grado de capacidad que posee en ataque. La primera sensación es que todo parece fácil: se mueve de forma ligera y elegante, con zancada amplia y fluida; bota y finta con naturalidad y ejecuta la suspensión tras bote de forma limpia, impecable. Técnicamente es un privilegiado. A la vista Tatum tarda poco en convencer de sus posibilidades ofensivas, que vienen a ser básicamente todas, aunque la faceta creativa sea la que más ha de desarrollar. Lo crucial, no obstante, no es tanto comprobar qué recursos tiene sino cómo y cuándo los emplea. Lo primero pueden poseerlo muchos otros, lo segundo es lo que filtra de verdad.

Tatum sabe cuándo buscar a la jugada y cuándo esperar a que la jugada le llegue a él. Y tal virtud, una de las más complejas que puede llegar a tener un jugador a lo largo de su carrera, se aprecia de forma natural en él teniendo sólo 20 años y estando en su primer año de profesionalismo. En otras palabras, a pesar de tener capacidad para proponer y aglutinar juego, Tatum es capaz de interpretar qué necesita su equipo y dárselo en cada momento. Esa circunstancia evita asociar al jugador con la ansiedad por demostrar, todo en él fluye de forma natural y sencilla.

Así su promedio anotador se ha incrementado sin aspavientos en la fase final (18.4 puntos por duelo) y ha tocado cumbre cuando su equipo más demandaba que eso sucediese. Tatum castigó el mismatch ante Philadelphia (Redick o Belinelli) cuando quiso, porque el plan de partido colectivo requería que así fuese, y de ese modo acabó yéndose a 23 puntos por partido en esa serie. Ejerce de obrero vistiendo chaqué.

Con el arsenal por pulir, lo natural en sus posibilidades con el bote y el panorama por desarrollar gestionando el pick&roll se vuelve ya asesino al hablar del tiro. Tatum está siendo letal en jugadas en las que recibe tras un bloqueo indirecto, con su productividad siendo una de las más altas de los playoffs. Las consignas tácticas de principios de curso le invitaron a cambiar su preferencia por el midrange por el rango de tres puntos. Y notándose el cambio, aún se percibe en él la costumbre de castigar en la zona prohibida. Para él no existe tal cosa.

Jugadores más efectivos tras bloqueo estos POs (Fuente: NBA Stats)

Araña de perímetro

Tatum tiene margen físico suficiente como para cubrir cualquier mismatch sin problemas. Por tamaño (2.03), envergadura (2.11) y velocidad de pies, puede defender casi cualquier perfil perimetral. Pero además a medida que gane corpulencia, será capaz de sostenerlos incluso cerca del aro. Su plenitud no obstante llega lejos de él, donde de nuevo la inteligencia marca diferencias. Resulta incluso sorprendente ver su colocación e intuición defensiva para tratarse de un recién llegado. Tatum está bajando porcentajes de tres puntos en los rivales hasta un 12% en la fase final, permitiendo sólo un 25% de acierto al triple, uno de los mejores datos de la Liga en este tramo.

La siempre compleja adaptación defensiva a la NBA parece de nuevo sencilla viendo su caso. Y si bien la estructura colectiva de los Celtics ayuda, por ser una de las más poderosas de la Liga, Tatum se ajusta a la perfección a su idea: versatilidad, agresividad y puntualidad ante la ayuda. El plan destructivo de Stevens se fundamenta en la acción de Horford y sus aleros, como piezas -estos últimos- que más responsabilidades tienen en el sistema de ayudas y fintas de ayuda que marca diferencias en Boston. A la vista Tatum parece llevar años, y no los meses que son realmente, integrando el plan. Y sucede especialmente por un motivo: su inteligencia, también atrás, es elevadísima. Juntar aptitud y actitud no lleva a equívoco.

Madurez precoz, fuego competitivo

Gestionado de cerca por Stevens, Tatum está lejos de parecer un novato en una camada en la que varios jóvenes más también negarían serlo. En nueve de sus primeros diecisiete partidos de playoffs ha alcanzado los 20 puntos, en otros seis llegó a dobles dígitos. Como un reloj. Su progresión podía cerrar la fase final de modo histórico, batiendo un récord de Abdul-Jabbar, pero de nuevo todo llega sin forzar. Aunque siempre con finalidad competitiva.

Tatum crece cuando el contexto lo exige. Al contrario que el resto de focos de los Celtics, anota más fuera de casa. Y a medida que el balón quema, su tacto también mejora. Promedia 11 puntos por partido (con 50% de acierto) en las segundas partes de los partidos de Boston fuera del Garden estos playoffs. Aunque su comportamiento sea solidario y colectivo, el fuego interno sale a la luz en la dificultad.

En los últimos 35 años, sólo cuatro rookies han promediado al menos 18 puntos por partido en playoffs durante su año de novato (mínimo: 10 partidos jugados). Tatum es el más joven (de la historia) en lograrlo:

Fuente: B. Reference

El jugador de los Celtics es puro deleite visual para completar una camada escandalosa, que apunta a histórica. Y cabe de paso recordar lo satisfactorio de poder paladearla completa sin crispación. Porque es posible admirar a Simmons y a Mitchell -las otras grandes nuevas llegadas a la Liga- mientras se hace lo propio con Tatum. Porque siendo distintos todos lo valen, todos caben y todos han llegado para quedarse. E incluso aún mejor, para retroalimentarse en ese camino.

El segundo plano de Tatum en la carrera por el novato del año, comandada por los otros dos purasangres, se ha aparcado en la fase final como preludio a lo que viene. Brillando con luz propia en la fase final y acariciando las Finales con papel protagonista. Y es que quizás pisar la NBA, su sueño de niño, se pueda quedar corto.

Quizás, en realidad, el sueño acabe de empezar.

Artículo originalmente publicado el 25 de mayo de 2018.