El viaje de Carmelo Anthony con los Rockets solo ha durado 10 partidos, según reseñaba Adrian Wojnarowski en ESPN y confirmaban los propios Rockets. Melo y la franquicia texana buscarán una solución a su futuro, pero este cuenta con varios condicionantes.

El primero de ellos, las informaciones de las que se hace eco Wojnarowski apuntan a que la intención de los Rockets es no cortar al jugador, sino buscarle una salida en el mercado. El segundo condicionante, vinculado al anterior, es que Carmelo no puede ser traspasado hasta el próximo 15 de diciembre, ya que llegó como agente libre a la franquicia este verano. Es decir, queda un mes para que el jugador pueda ser movido a otra franquicia vía traspaso.

Ese escenario genera algo particular: la paciencia de ambas partes hasta encontrar un destino apropiado para el jugador, en constante equilibrio con lo complejo de gestionar esa misma situación, tener un perfil al margen del equipo y reducir al límite su valor de mercado. Si Carmelo Anthony es finalmente cortado, podría firmar después por cualquier franquicia. Pero, de nuevo, para ello Houston tendría que tomar esa decisión con su contrato (2.4 millones), algo que en principio no parece desear. Esto, por supuesto, puede cambiar.

Mike D’Antoni explicó su visión sobre la decisión de la franquicia. “En verano intentamos un pelotazo con él, pero no funcionó. Él lo intentó lo mejor que pudo, simplemente no funcionó por algún motivo. Le agradezco su profesionalidad. Estaba intentando hacer los sacrificios necesarios y no era justo para él, un jugador de calibre ‘Hall of Fame’ pedirle un rol que no era el apropiado para él. Nosotros lo hemos intentados, ambas partes lo han hecho, pero no funcionó, así que pasamos página”.

¿Por qué no ha funcionado la situación?

Obviamente ese ‘no ha funcionado por algún motivo’ que reseña D’Antoni en realidad sí que tiene argumentos. Carmelo Anthony solo ha disputado 10 encuentros con Houston y en ellos sus promedios han sido de 13.4 puntos y 5.4 rebotes, con porcentajes de tiro bajos (40% de campo, 32% en triples). Sin embargo más allá de sus números simples hay otros aspectos que reseñar en su caso.

De entre aquellos jugadores de la rotación principal (que han participado en al menos diez partidos), Melo ha tenido el peor rating defensivo del equipo: con él en cancha Houston ha recibido 111 puntos por 100 posesiones, equivalente a la cuarta peor defensa NBA. Y los parciales en esos tramos han sido negativos, nueve puntos por cien posesiones. Un dato muy pobre.

El escenario ha sido muy distinto sin él. En la muestra sin Melo, Houston ha sido mejor que el rival (tres puntos por cien posesiones) y la defensa ha llegado a su mejor rendimiento, solo 103 puntos recibidos por 100 posesiones, el mejor dato de la plantilla y un nivel equivalente a la segunda mejor defensa NBA. Es la diferencia lo crucial:

Houston ha pasado de -9 de net rating con él a +3 sin él. Y del peor dato defensivo con él al mejor sin él.

No ha sido el único problema.

Su acierto ofensivo ha sido bajo, con solo un 31% de acierto en triples tras recepción (catch&shoot) y un 35% de acierto en tiros liberados (sin un defensor a menos de un metro), cifras preocupantes considerando que más de la mitad de sus lanzamientos intentados (concretamente el 52%) han sido liberados. Y que los tiros servidos en ‘catch&shoot’ son los más cómodos teóricamente para un jugador de su habilidad con el lanzamiento. Anthony es un excelente tirador, lo ha sido durante su carrera. Pero no ha sido eficiente en Houston, como tampoco lo fue en Oklahoma, posiblemente desconectado del ataque por tener un rol de mucho menor impacto sin balón, algo que ha desconocido en toda su carrera NBA.

Anthony ha estado acostumbrado al manejo de balón y toma de decisiones de forma activa, creando las ventajas. En los roles que ha debido asumir sin ese volumen tan elevado en la creación de la ventaja, no ha sido capaz de rendir al nivel esperado. Como si necesitase de mayor importancia para exponer su mejor versión y fuese incapaz de aceptar roles teóricamente más sencillos aunque secundarios.

Pero además su esfuerzo defensivo ha sido insuficiente. Con 34 años, Anthony está lejos de su plenitud atrás, sufre lejos del aro porque carece de explosividad a estas alturas de carrera, no se muestra contundente dentro y para colmo no ha dejado atrás su tendencia al despiste y la falta de implicación atrás. Si sumamos ambos factores, que no ha aprovechado sus tiros abiertos y que atrás condicionaba mucho la estructura… se puede extraer algo claro: no ha ayudado demasiado al éxito.

Ahora bien, ¿ha sido Carmelo el único culpable del mal arranque de Houston?

Ese es otro tema. Y aquí la respuesta es negativa. Carmelo ha influido en el discreto inicio pero no es el único factor que ha contribuido. En primer lugar, la defensa ha perdido dos piezas de valor (Trevor Ariza y Luc Mbah a Moute), claves a la hora de equilibrar formatos en pista y versatilizar un sistema que vive de permanentes cambios de asignación. Cambiar a esos especialistas por Melo agrava la situación, pero colectivamente tampoco se ha sido capaz de ajustar. La transición está resultando difícil, tanto que la franquicia solicitó a Jeff Bzdelik (arquitecto defensivo del equipo y que se retiró en verano) su regreso al cuerpo técnico.

En segundo lugar, ofensivamente Houston tampoco ha estado en un punto óptimo. En parte porque ni Paul ni Harden han comenzado al (extraordinario) nivel del curso pasado. Han sido menos eficientes y su eficiencia es decisiva para el éxito del sistema. Por otro lado porque Eric Gordon, desahogo tradicional en ataque como complemento de las dos estrellas, ha arrancado de forma muy discreta la temporada, con un terrible 32% de acierto en tiros de campo, con 16 intentos por noche. Y por último, pero relacionado con los dos puntos anteriores, el triple no ha acompañado. Houston es el equipo que más usa el triple en el baloncesto NBA (el 49% de sus intentos de campo son triples), pero su acierto hasta ahora está entre los seis peores datos de la Liga. Algo muy curioso considerando que su volumen de tiros liberados ha sido muy elevado, pero su acierto en esa clase de lanzamientos (los más cómodos) ha sido solo del 35%. En otras palabras, los Rockets han fallado en este inicio de campaña muchos más triples liberados de lo normal.

Otro aspecto a tener en cuenta ha sido la rotación disponible. Houston ha perdido seis de esos diez partidos con Melo en pista, sí, aunque conviene resaltar que en dos de ellos estuvieron sin Chris Paul (dos derrotas) y en otros dos sin James Harden (también perdidos). Para un equipo cuya estructura ofensiva se sostiene sobre esos dos pilares, son bajas sensibles. Con Paul, Harden y Anthony en pista el balance ha sido de 4-2, bastante distinto.

Anthony solo ha compartido pista con Paul y Harden 37 minutos esta temporada, con malos resultados (ataque y defensa muy por debajo de la media del equipo). Pero tampoco coexistiendo con otros núcleos de jugadores (de segunda unidad para darle algo más de peso ofensivo) se han alcanzado unas cifras positivas para los Rockets. El experimento no ha salido bien.

La aventura de Melo ha acabado en Houston, al menos en lo deportivo. Pero la causística es mucho más profunda de lo que parece. Él ha tenido su cuota de culpabilidad… pero no ha sido el único.