En plena era del sabermetrics, donde las ideas que ahondan en la productividad del ataque se expanden a la velocidad de la luz, en San Antonio parecen resistirse al nuevo ciclo. Mientras medio mundo abraza la ciencia del juego, Gregg Popovich baraja sus cartas y se entrega a la magia. Su magia del juego.

En parte lo hace por necesidad, pura falta de recursos (en plantilla) para encaminarse por completo al manual de la analítica. Los Spurs son un equipo con jugadores clave de avanzada edad y un estilo casi opuesto al ideal productivo. Pero en otra parte lo hace por deseo, con el técnico aún convencido de que el camino alternativo, aunque pueda parecer más largo (y en realidad lo sea), también lleva al destino.

San Antonio muestra a día de hoy uno de los cinco mejores ataques de la NBA, con 112 puntos anotados cada 100 posesiones. A la altura de Houston, superior al de Denver,  Philadelphia o Boston. El dato es llamativo, sobre todo si uno descubre cómo está sucediendo.

Este es el mapa de tiro de los Houston Rockets:

Y este otro es el mapa de tiro de los Spurs:

Las diferencias en cuanto a diseño son enormes. Uno es la viva representación del molde sabermetrics (tiros cerca del aro, nada de media distancia y mucho triple, también desde las esquinas) y el otro la niega. Sin embargo su eficiencia hasta ahora está siendo la misma.

Y es que si las recomendaciones para atacar de forma eficiente exponen abiertamente que lo ideal es hacerlo muy rápido (la transición ofrece más opciones de superioridad), con más volumen de tiros de tres (el lanzamiento más productivo) e invisibilizando la media distancia (la zona de tiro más ineficiente), los Spurs tienen una receta de ritmo muy lento, limitado uso del triple y abuso del midrange. Sí, básicamente la contraria a lo recomendado.

Traducido a cifras, San Antonio es:

  • El sexto equipo con menor ritmo de juego (98.8 posesiones)
  • El segundo equipo que menos volumen de puntos anota al contraataque (9% del total)
  • El equipo con menos volumen de triples (solo un 27.5% del total de tiros)
  • El equipo que más lanza desde media distancia (el 33% de sus tiros entre 3 y 7.2 m.)

Los Spurs son, dicho de otro modo, el alumno rebelde del sabermetrics. Pero un alumno que, bien vale recordar, está aprobando con nota en la faceta ofensiva. La cuestión es por tanto cómo lo están logrando. Y aquí cabe detenerse.

El uso del poste bajo y el midrange

Sin uso masivo del triple, los Spurs buscan generar sus puntos principalmente a través de otras dos vías: la pintura y la media distancia. En la primera de ellas, hay un claro referente al que dar el balón para que produzca: LaMarcus Aldridge.

Aldridge lidera la NBA en situaciones de poste bajo (11.5 por partido) y en puntos anotados a través de esas jugadas (6.9 por encuentro). Pero además recibe mucho en la pintura, donde también anota con solvencia (8 puntos por duelo, en el top 15 NBA). Eso contrasta con el limitado uso que le dan los Spurs en los codos de la zona, un espacio en el que se emplea a muchos hombres altos en la NBA actual para generar ventajas pero uno en el que los Spurs no están queriendo a Aldridge. Y el motivo es simple: no le quieren tanto para generar espacio al resto como para directamente ejecutar.

Con Aldridge como eje en esas acciones, no sorprende que San Antonio lidere la NBA en situaciones de poste bajo (más de 19 por partido). Normalmente este no sería considerado un buen dato, ya que la media de balones perdidos en esas acciones (comúnmente de espaldas al aro y con ayudas rivales relativamente cerca para interceptar balones o al menos atascar la ofensiva) suele ser elevada. Es una zona reconocida como poco productiva. Pero no así para los Spurs, que están teniendo el segundo dato más bajo de pérdidas en esas acciones (3.6% de balones).

El espacio de los Spurs no es malo, son capaces de abrir jugadores y volcarlos en el lado débil para crearle situaciones óptimas a Aldridge, que suele preferir además el costado izquierdo. Una vez en ellas, su talento hace el resto.

Popovich tiene otro apartado clave del ataque: la media distancia. Se trata de la ‘zona prohibida’ del baloncesto actual, considerada la menos eficiente para anotar (no así para generar, un matiz importante) ya que representa un tiro de mucha mayor dificultad que uno cercano al aro y premia con un punto menos que el triple, que suele estar a menudo apenas un par de metros hacia atrás. Los Spurs, no obstante, anotan el 19% de sus puntos desde ahí, la cifra más alta de la NBA.

Con Aldridge y DeRozan dentro del Top 4 de jugadores que más lanzan desde la media distancia (Klay Thompson y Kevin Durant completan ese top, por cierto), el dato se entiende fácilmente. En total son, entre ambos, unos 14 lanzamientos de media distancia por partido: más intentos que la mitad de las franquicias en la NBA actual.

DeRozan es uno de los grandes dominadores de ese área del ataque, no solo por su capacidad para ejecutar sino porque es hábil con el bote y el juego de pies, entiende muy bien cómo ganar la ventaja ante el defensor en un espacio que tradicionalmente las defensas no dudan en ‘conceder’.

DeRozan es un base particular

Este peso de DeRozan está ligado directamente a otro aspecto esencial. Los Spurs no disponen de un base clásico o director, que asuma mucho balón y se dedique a distribuir el juego a los principales anotadores. En San Antonio es de hecho uno de esos anotadores el que asume esa función.

DeRozan está en las cifras más altas de carrera en volumen de asistencias (porcentaje de pases de canasta que da DeRozan sobre el total cuando está en pista) y ratio de asistencias por pérdida. También, como consecuencia, en asistencias por partido. Y en realidad el motivo de que sea él quien genere (y no otro jugador pequeño de turno, como White o Mills), tiene sentido.

Popovich aprovecha no solo lo obvio, el hecho de que DeRozan sea un jugador con capacidad de desequilibrio desde el bote. Sino también que las defensas van a asumir de buen grado que sea él quien tenga el balón y produzca ahí. ¿Por qué? Primero porque lo hará teóricamente desde la zona menos efectiva del ataque. Y segundo porque DeRozan nunca ha sido un excelente director de juego. Sí capaz, no de la élite. Y a través de esa concesión rival San Antonio está llegando a la zona del ataque que precisamente desea para castigar a su forma.

Se está viendo en múltiples ocasiones a través de su pick&roll con Aldridge, que desemboca a menudo en un lanzamiento desde el midrange para cualquiera de los dos:

La reciente explosión ofensiva del equipo (119 puntos por 100 posesiones en el mes de diciembre, mejor ataque de la Liga en ese tramo) coincide con el repunte creativo de DeRozan en la idea. A medida que el jugador asume de forma más natural (y principal) su rol de canalizador, San Antonio encuentra ese molde que pueda servir al resto opciones de ejecutar. A medida que DeRozan eleva su rendimiento como generador, San Antonio fortalece su idendidad de equipo contranatura.

La ‘trampa’ del triple y el valor de castigar la ventaja

San Antonio es, como se ha recalcado antes, un equipo con un muy bajo volumen de intentos en tiros de tres. Es decir, un porcentaje menor de sus intentos de campo son triples. Pero ese dato, que refleja cómo ‘prescinde’ por lo general de ese lanzamiento, esconde varios detalles clave. Vamos a sacarlos a la luz.

El primero es el más obvio: el acierto en esos tiros. Los Spurs tienen el mejor porcentaje de acierto en triples esta temporada, un 40%. Por delante de Clippers, Kings y Warriors. Tiran poco… pero anotan con mucho éxito. ¿De dónde nace exactamente ese dato?

Tiene varios fundamentos. El primero de ellos, que al no abusar de ese tipo de tiros, su selección de lanzamientos es mejor. Los Spurs son capaces de abrir la pista con formatos de múltiples hombres amenazando el tiro lejano (la inmensa mayoría de sus quintetos más usados tienen a Aldridge como único interior), pero su principal fuerza ofensiva se basa en castigar desde otras áreas (las ya citadas media distancia y poste bajo). Al convertir el triple en un recurso y no en un hábito, su éxito aumenta en ese tipo de tiros.

Pero hay más. Otro punto básico es su acierto en tipología de catch&shoot. Aquellos tiros en los que el lanzador tira nada más recibir, sin mediar bote alguno. San Antonio es el mejor equipo de la NBA en ese tipo de tiros, con un 43.8% de acierto. Aldridge, DeRozan y Gay, los tres hombres que más lanzamientos absorben, encabezan un sistema en el que son los secundarios (y no ellos, los referentes ofensivos) los que elevan ese dato. Los encargados simplemente de ejecutar lo que ellos producen son la clave. Así los roles de Forbes, Belinelli, Mills o Bertans son muy importantes en ello.

Y un tercer fundamento, San Antonio es un equipo especialmente eficiente en situaciones complicadas. Por ejemplo, cuando el reloj de posesión entra en sus siete segundos finales, los porcentajes tienden a bajar. Pero los Spurs poseen un 43.2% de acierto en ese tramo de posesión, uno de los diez mejores datos de la Liga.

San Antonio es el mejor equipo NBA aprovechando sus tiros abiertos (aquellos con un defensor a más de un metro de distancia), conectando un 43% de ellos. Al final no deja de ser algo muy básico, pero aprovechar los lanzamientos con poca oposición es un elemento vital para el éxito ofensivo. De nada vale generar tiros liberados constantemente si después el último paso, el propio tiro, es erróneo. Los Spurs están, insisto, liderando la Liga en esas oportunidades.

Circulación controlada

El último elemento capital del ataque de San Antonio es el orden. Hace tiempo que los Spurs abandonaron la plenitud artística, en lo ofensivo, con la que conquistaron al mundo. Esa vertiginosa sucesión de pases, cortes, movimiento y tiro que derivó en una fuerza ofensiva para la historia. San Antonio no es ya un equipo gourmet en ese aspecto y de hecho el valor del pase ha sido más encaminado a ordenar que a marcar la diferencia.

Lista de equipos que menos pasan el balón por partido esta temporada:

Dar muchos pases no está necesariamente ligado con atacar mejor. Hay equipos con ataques muy verticales, que necesitan de pocos pases para crear la ventaja. Y hay otros que directamente no suelen necesitar ni siquiera de pases para generarlas, ya que el mismo jugador que asume el mando del balón puede producirla por sí mismo.

Sin embargo los Spurs, como ven en la undécima posición de la tabla de menos pases, tampoco son un equipo que divida la zona buscando la penetración para producir ventajas (o bien finalizando cerca del aro o sacando el balón fuera para el tiro exterior). De hecho, también son el undécimo equipo que menos penetraciones realiza:

Pocos pases, pocas penetraciones, poco tiro de tres… ¿qué ocurre entonces?

Sucede que, en estático, los Spurs minimizan el error como ningún otro. Es el equipo que menos balones pierde de la NBA (solo un 12.2% de sus posesiones) y el que mejor ratio de asistencias/pérdida posee (2.02).

San Antonio no hace uso apenas del contraataque y trata de mantener los encuentros en ritmos sostenidos, en los que su funcionamiento a media pista pueda aguantar e imponerse. Y de hecho al estar su defensa (huérfana no solo de Kawhi Leonard sino de Dejounte Murray) muy lejos de los niveles deseados, especialmente por falta de recursos de primer nivel atrás, una de las formas más eficientes de limitar daños es evitar que los rivales puedan correr. ¿Y cuál es una de las mejores formas de evitar que los rivales corran? No cometer muchas pérdidas de balón.

En la mente de Gregg Popovich todo tiene sentido. Todo tiene siempre solución.

Y de ese modo Pop, uno de los técnicos más legendarios de la historia, lo está volviendo a hacer. Construyendo un ataque de élite donde en principio solo existía un molde en desuso para competir en el baloncesto de última generación que propone la analítica. A estas alturas desconocemos si será capaz de mantenerlo todo el curso, como desconocemos si San Antonio logrará de nuevo un billete para la fase final en un Oeste absolutamente salvaje, con catorce equipos metidos en la lucha.

Lo que no deberíamos desconocer es que Popovich se eleva majestuoso por encima de la media. Hace más de quince años lo hacía a través de la excelencia defensiva, más tarde evolucionó hasta lograrlo a través del lucimiento ofensivo. Y ahora, ya sin los pilares de su eterna obra (Duncan, Ginobili y Parker), parece querer conseguirlo incluso a costa de la revolución analítica.

La ciencia que estudia el juego tiene, en el fondo, mucha razón. El futuro del baloncesto productivo es el que ella indica. Pero Popovich, a su forma, tampoco ha dejado de tenerla. Y en el caso de los Spurs, brillantes a contracorriente, es capaz de mostrar las causas. Todo tipo de baloncesto cabe siempre. Siempre que esté perfectamente ejecutado.

Este es su (pen)último as en la manga, su enésimo truco de magia.

Es Popovich incluso contra la ciencia.