El futuro a corto plazo de Kawhi Leonard, uno de los grandes enigmas de este verano NBA, ha quedado resuelto. Según avanzaba Adrian Wojnarowski, los San Antonio Spurs han llegado a un acuerdo de traspaso con los Toronto Raptors, por el cual el jugador californiano deja la franquicia texana en un movimiento que involucra también a DeMar DeRozan.

El traspaso queda así:

  • A San Antonio Spurs: DeMar DeRozan, Jakob Poeltl y una primera ronda protegida del Draft (del 1 al 20)
  • A Toronto Raptors: Kawhi Leonard y Danny Green

Motivos

Debemos diferenciar dos contextos diferentes. Por un lado, ¿qué lleva a los Spurs a poner a Kawhi Leonard, su mejor jugador, en el mercado? Por otro, ¿por qué los Raptors sacrifican a su jugador más resolutivo por otro que no parece emocionado por competir en Toronto y que además podría marcharse libre el próximo verano?

Para entender el primer escenario, es decir qué lleva a San Antonio a desprenderse del jugador que parecía destinado a ser el líder de la franquicia el próximo lustro, conviene leer la evolución de su caso, que en su día explicamos aquí desde sus diferentes aristas. Un caso muy particular que ha acelerado la destrucción de la relación entre el llamado a ser icono de los Spurs y la franquicia en apenas doce meses:

Para aproximarse al segundo escenario, es decir al potente interés de los Raptors, es necesario ubicar el momento del proyecto de la franquicia canadiense. Toronto acumula cinco presencias consecutivas en Playoffs. En las dos primeras (2014 y 2015) cayó en Primera Ronda, en las tres últimas (2016, 2017 y 2018) fue eliminado por los Cavs, el equipo de LeBron James. El primero de esos cursos en Finales de Conferencia, en lo que supuso el mejor resultado histórico de la franquicia, los dos siguientes en Segunda Ronda. Y si bien el fondo resultó duro, las formas lo fueron aún más: los Raptors solo consiguieron ganar dos partidos en tres años a los Cavs en la fase final, ambos en 2015. Es decir, han sufrido dos derrotas por 4-0 consecutivas, con sensaciones alarmantes de impotencia e incapacidad llegado ese punto.

A eso hay que unir la apuesta máxima por competir a corto plazo que se ha realizado desde el seno de la franquicia. Los Raptors realizaron un traspaso para hacerse con Serge Ibaka en febrero del pasado año. Después, en verano, apostaron por renovar tanto al ala-pívot como a Kyle Lowry, otro jugador vertebral en su estructura. Ambos eran agentes libres y su continuidad no estaba asegurada, especialmente tras haber sufrido un sweep a manos de los Cavs un par de meses antes. Sin embargo la franquicia mantuvo su idea de competir a corto y medio plazo, les firmó por tres temporadas y un total (entre ambos) de 165 millones de dólares. A esa apuesta había que unir la ya existente por DeMar DeRozan, que se había efectuado el año anterior, por cinco temporadas y un valor de 139 millones de dólares… y el todavía acuerdo con Jonas Valanciunas, que percibía más de 15 millones. En otras palabras, el gasto salarial se disparaba buscando competir por el título.

Doce meses después, los Raptors han afrontado este verano tras haber completado la mejor fase regular de su historia, con 59 victorias… y haber vuelto a caer 4-0 ante los Cavs en Segunda Ronda. La primera medida de la Gerencia, liderada por Masai Ujiri, fue despedir a Dwane Casey, entrenador de los Raptors. Pero los cambios en la plantilla podían esperarse, o bien buscando desahogar la (cargadísima) arquitectura salarial o bien alterarla para seguir compitiendo, especialmente una vez se supo que LeBron James, verdugo de la franquicia los tres últimos años, dejaba la Conferencia Este.

Las dos piezas más susceptibles de cambio eran Kyle Lowry y DeMar DeRozan. Primero por su valor deportivo, el más alto de la plantilla, y segundo por que su coexistencia se había demostrado exitosa pero no resolutiva ante la máxima exigencia. Y como tal, teniendo ambos dos años de contrato por delante, no era descartable que Toronto buscase mover a alguno de ellos.

¿Por qué el riesgo con Leonard?

La posibilidad de que Kawhi deje la franquicia el próximo verano es elevada. En ese momento será agente libre y su entorno ya ha filtrado su deseo de jugar en los Lakers. Es decir, se corre el riesgo de que Toronto vaya a ‘alquilar’ a Leonard un año sacrificando en el proceso a su hasta ahora jugador franquicia. Y por tanto en apenas doce meses quedarse sin ninguno de los dos. Pero si la apuesta de Ujiri es competir con un núcleo que se conoce y ha demostrado poder llegar a muy alto nivel, la llegada de un Leonard sano permitiría subir las prestaciones colectivas en búsqueda de ese sueño de conquistar el Este en un momento, además, en el que el trono de James ha quedado huérfano. La competencia sigue existiendo, con Celtics y Sixers en primera línea, pero la marcha de James ha abierto el escenario.

¿Vale esa decisión el sacrificio? Si Leonard está a un nivel cercano al que mostró en San Antonio hace dos temporadas, en otras palabras si se encuentra bien físicamente (algo por descifrar al completo), el salto cualitativo de los Raptors es evidente. Si les es suficiente para ganar el Este, aún estaría por ver. Pero la esperanza de la franquicia posiblemente esté encaminada en aprovechar esa oportunidad en su Conferencia para, de la mano, lograr convencer a Leonard durante este año de que su futuro en Toronto es más que positivo, al estilo de lo que Oklahoma consiguió este mismo año con Paul George, otro jugador que había mostrado preferencia por firmar con los Lakers cuando fuese agente libre… pero que sin embargo ha acabado renovando con los Thunder.

El riesgo existe para los Raptors pero en su situación actual, con un proyecto ansioso de éxitos y con síntomas de estancamiento a nivel del impacto bajo máxima presión de sus estrellas, puede tener sentido acometerlo.

Kawhi Leonard en los Raptors

El entorno de Leonard se apresuró a filtrar, una vez las negociaciones entre Spurs y Raptors entraron en su fase culminante, que el deseo del jugador no era jugar en Toronto. Una medida para añadir presión a las dos franquicias que mantenían contacto. Una vez resuelto el movimiento, Leonard se enfrenta a una temporada enigmática en los Raptors.

Por un lado, cabe reiterar que para la franquicia resulta fundamental lograr el máximo impacto posible a corto plazo sobre la pista. Porque Leonard podría dejar Toronto en apenas doce meses. Por el otro, Leonard llega a un equipo con una estructura ganadora consolidada y mimbres suficientes como para competir por el trono del Este. Especialmente si él, jugador referencia, ofrece su mejor versión.

Los Raptors destituyeron a su técnico, Dwane Casey. Pero su relevo ha sido su hasta ahora asistente Nick Nurse, un entrenador que ha vivido todo el crecimiento y posterior éxito de la etapa de Casey. Nurse, encargado esencialmente del comportamiento ofensivo, ha sido uno de los responsables de la evolución de la franquicia en ese apartado del juego, un progreso especialmente llamativo el último curso, en el que los Raptors reanimaron su circulación de balón (antes demasiado confiada a situaciones muy verticales, de desequilibrio individual desde su perímetro) y se integraron más en el diseño analítico del ataque (fueron top 5 en volumen de triples intentados y top 5 en menor volumen de intentos desde la media distancia). Nurse es un hombre ligado a ese movimiento sabermetrics y es de esperar que el comportamiento de los Raptors se lance aún más por ese camino del ‘ritmo+espacio+triple+formatos versátiles’ el próximo curso.

La salida de DeRozan, uno de los mayores especialistas de la Liga en el juego desde la media distancia, no puede hacer sino reforzar esa tendencia. Leonard también es un hombre capaz de operar desde ahí. Y por su talento recibirá seguramente situaciones para que lo haga, pero su poder en el lanzamiento de tres (en torno a 2 triples anotados y por encima del 38% de acierto durante los cursos (2015-16 y 2016-17), capacidad para resolver también cerca del aro y dominio del pick&roll como generador (en una muestra de solo nueve partidos, el mejor de la Liga por delante de Stephen Curry, con 1.16 puntos por posesión; mientras que una muestra mayor, la del año anterior, el cuarto más efectivo de la NBA, igualado con James Harden) invitan a contemplar un perfil ofensivo total.

DeRozan absorbió el 29.5% de uso ofensivo (volumen de jugadas que un perfil finaliza con tiro de campo, tiros libres o pérdida) en los Raptors el pasado curso, un indicador asociado a cuánto peso en el ataque, a la hora de ejecutar jugadas, absorbe un determinado jugador. Pero tal dato, con diferencia el más elevado en su equipo, puede ser asumido de forma natural por Leonard, un monstruo ofensivo de enorme productividad. Y uno que, en situaciones de menor exigencia en fase regular, podría coexistir tranquilamente con otro base que asume peso ofensivo como Lowry.

La versatilidad defensiva de Leonard, por nivel además el jugador más dominante atrás de la Liga, añade un plus atrás a un equipo que destruido en defensa en la última fase final, en la que recibió 121.5 puntos por 100 posesiones en su eliminatoria ante los Cavs, un dato pésimo con el que le resultó imposible competir. Leonard, reiteramos en una condición física buena, es un jugador muy resolutivo atrás y adaptable perfectamente a formatos pequeños, con solo un interior, como los que podría arrojar Nurse a pista.

En ese aspecto defensivo también puede colaborar Danny Green, el otro jugador que llega a los Raptors. Excelente defensor exterior (capaz de asumir marcas de prácticamente cualquier jugador perimetral) y buen tirador exterior, especialmente cuando le conceden el tiro con ventaja y en situación de catch&shoot. Puede ser muy valioso para dar flexibilidad a los formatos de Nurse. Eso sí, al igual que Leonard, es agente libre el próximo verano.

Si Leonard está bien y ve la oportunidad de Toronto como una para volver a posicionarse en la máxima esfera deportiva de la Liga, la que por nivel le corresponde, los Raptors pueden elevar su nivel con una pieza del primer nivel mundial. Eso sí, por detrás de ese deseo deportivo circula el deseo del proyecto, que deberá tratar de crear un ambiente donde la continuidad de Leonard sea posible el próximo verano. Tras lo visto con los Spurs, algo presumiblemente difícil.

DeMar DeRozan en los Spurs

Con su mejor jugador de baja, uno además de calibre MVP y posiblemente el mejor defensor de la Liga, los Spurs fueron capaces de ganar 47 partidos de fase regular en el Oeste el curso pasado, logrando clasificarse para la fase final por vigésimoprimera temporada consecutiva. Sí, has leído bien, 21 años seguidos jugando Playoffs en el Oeste. Tal circunstancia revela el poder colectivo del equipo entrenado por Gregg Popovich, una obra competitiva legendaria que, no obstante, hay que contemplar ya con algunos astericos.

El primero de ellos es el tiempo. El tiempo corre para todos y el núcleo esencial de los éxitos ha ido perdiendo nivel e impacto. Tras la retirada de Duncan (verano de 2016), Parker y Ginobili continuaron pero su estado físico, ya mermado por su extensa trayectoria, les impide mostrar su plenitud gran parte del tiempo. El francés de hecho salió este verano de la franquicia, con rumbo Charlotte, tras ver cómo Murray daba un paso adelante ganando minutos y responsabilidad. Y Ginobili no tiene asegurada su continuidad, hasta que no tome una decisión sobre su futuro. Pese a su talento, el argentino cumple 41 años la semana que viene, por lo que en caso de que siguiera el control sobre sus minutos y esfuerzos volvería a ser total.

Del resto de la columna vertebral, LaMarcus Aldridge tiene 32 años, los mismos que Marco Belinelli y uno más que Rudy Gay. Pau Gasol tiene 38 y Patty Mills está en 29. De los once jugadores con más minutos el curso pasado (contando con la marcha de Kyle Anderson), únicamente Dejounte Murray (21 años) y Bryn Forbes (24) están en progresión. La plantilla es muy, muy veterana.

El segundo de ellos es el estilo. Pese a que las Finales de 2014 representasen posiblemente el tramo culmen en lo artístico y ofensivo de la dinastía de los Spurs, desplegando entonces un baloncesto primoroso en ataque, la obra de Popovich se ha ido haciendo terrenal (en ese sentido) desde entonces. La abrumadora circulación de balón de aquella cima se ha normalizado (top 10 de la Liga pero lejos de Sixers o Hawks), el ritmo de juego se ha estancado (no ha crecido en cuatro años) y el diseño de ataque se ha digirido a emplear la media distancia (top 10 de la Liga) y reducir el volumen al triple (entre los cinco más bajos), amparado en perfiles como Aldridge o Gasol, de más tamaño y resolutivos desde el midrange.

En otras palabras, los Spurs siguen resultando extraordinariamente competitivos a causa de su nivel defensivo, que se ha mantenido en el top 3 NBA los últimos cuatro años. Pero su ataque ha perdido productividad y brillantez, llegando con Leonard incluso a emplearse comúnmente sistemas para su propio desequilibrio en uno contra uno o gestionando el balón.

DeRozan es un excelente anotador, además de un jugador que ha progresado bastante en su manejo de balón y capacidad creativa. Su efectividad en situaciones de pick&roll, llevando el balón, ha sido fantástica (0.92 puntos por posesión) considerando su altísimo volumen (más de 9 veces por partido, top 5 en la NBA). Datos muy similares, por contextualizar su impacto, a los de James Harden. Su adaptación a ritmos lentos, con mucho juego a media pista y marcados por ejecución desde el midrange, es también sencilla. Ya que es un consumado especialista en ese arte. Y el hueco ofensivo, en forma de uso de ataque a asumir, está totalmente a su alcance, dada la necesidad que tiene San Antonio de un perfil que produzca puntos desde el juego exterior.

También en pick&roll, aunque justamente en el otro rol (el de jugador que pone la pantalla y continúa hacia el aro) es muy reseñable el impacto del austríaco Jakob Poeltl, parte del acuerdo. Con buena movilidad para su tamaño (2.16 metros) e inteligencia a la hora de actuar sin balón, Poeltl (número 9 del Draft de 2016) ha producido 1.15 puntos por posesión como hombre grande en situaciones de bloqueo directo, un dato a seguir. En los Spurs puede ser también interior de rotación, capaz de ofrecer minutos de intensidad y conocimiento ofensivo. Le falta mejorar su dureza defensiva pero dada su juventud (22 años) y condiciones físicas, puede ser de bastante utilidad.

Defensivamente DeRozan no llega, por supuesto, a la excelencia de Leonard. Pero en la maquinaria de San Antonio no debe suponer, ni mucho menos, un punto vulnerable. Y a sus casi 29 años, con dos temporadas más de contrato, representa un jugador más que interesante para la franquicia texana, sobre todo considerando su situación de debilidad en la negociación, con un jugador descontento queriendo marcharse y apenas un año más de contrato. DeRozan, unido a la estructura existente, les va a permitir seguir siendo competitivos en el Oeste. Aunque el techo potencial que ofrecía la presencia de Leonard (de un Leonard sano, se entiende) se haya reducido a cambio.