Lamentablemente para sus seguidores, los Washington Wizards han convertido en un hábito decepcionar en su rendimiento con respecto a las expectativas. Hace cuatro y cinco años se trataba de un equipo joven, con John Wall y Bradley Beal destacando a pesar de no haber alcanzado aún los 25 años, y muy prometedor, llamado a pelear por ser un asiduo en las finales del Este durante la siguiente década. Después de llegar dos veces consecutivas a segunda ronda los Wizards se quedaron fuera de los Playoffs en 2016, la primera gran decepción, y eso le costó el puesto (merecidamente) a Randy Wittman.

Llegó Scott Brooks, y en su primer año los Wizards regresaron a segunda ronda. Fueron derrotados por los Boston Celtics, pero daba la sensación de que estaban de vuelta al lugar que les pertenecía, a luchar por entrar en la final de su conferencia, y de que serían un equipo a tener en cuenta en los años siguientes. Esa percepción rápidamente se derrumbó.

La temporada 2017-18 volvió a llevar a los Wizards por el camino de la decepción. El equipo de Scott Brooks pasó el año con problemas serios tanto deportivos como extradeportivos, viviendo durante todo el curso con la amenaza de quedarse fuera de Playoffs, y aunque terminaron entrando fue en octavo lugar para caer en primera ronda contra los Toronto Raptors sin mayores complicaciones.

Ahora, en una temporada en la que el Este estaba completamente abierto por primera vez en muchos años debido a la salida de LeBron James a la otra punta del país, los Wizards han sido fieles a lo que parece que empieza a ser su costumbre y han decepcionado al acelerar su proceso de autodestrucción.

Scott Brooks, más que cuestionado en un vestuario explosivo

Como se suele decir, los Washington Wizards no juegan a nada. A Scott Brooks se le cuestionó mucho en sus años en los Oklahoma City Thunder por la falta de un sistema ofensivo más elaborado. Los ataques eran básicamente aclarados y turnos entre Kevin Durant y Russell Westbrook, algo que hacía que se estancasen especialmente en los finales de los partidos. Pues bien, sus Wizards tienen un poco más de sistema ofensivo… pero apenas se nota la diferencia. Todo termina resumiéndose, de nuevo, en aclarados y ataques por turnos, con John Wall y Bradley Beal llevando la voz cantante en este caso.

Los Wizards llevan tiempo jugando por debajo de lo que parece, sobre el papel, que pueden dar de sí, así que Scott Brooks es el primer señalado. Y, a juzgar por lo que se filtró del ya celebre entrenamiento del “llevo aguantando esta mierda durante siete años” de Bradley Beal, algunos jugadores como John Wall apuntan directamente hacía él y le devuelven lindezas con un vocabulario subido de tono.

El mismo Brooks reconoce errores, como por ejemplo haber sacado a Tomas Satoransky de la rotación, un movimiento muy cuestionable y que parecía responder más bien a la necesidad de dar minutos a una de las apuestas de la gerencia el pasado verano, pero que dice estar dispuesto a corregir.

“Muchas veces intento buscar minutos para todos, pero definitivamente tengo que encontrar minutos para él”, dijo Brooks sobre Satoransky después de la victoria con remontada contra Los Angeles Clippers. “No me importa quién se siente, tengo que buscarle minutos. Se lo merece. Juega muy duro, hace lo que debe y te da todo lo que tiene. Soy lento, me ha llevado 15 o 16 partidos darme cuenta”.

El mejor momento de Tomas Satoransky coincidió también con los mejores partidos de los Wizards en la temporada pasada (y con la lesión de John Wall). Pero en verano llegó Austin Rivers, y Satoransky fue el principal damnificado. Precisamente Rivers no parece que gozara de mucha popularidad en el vestuario de los Clippers, y ya ha sido señalado también como uno de los jugadores que participó en los encontronazos verbales de hace unos días.

Lo que más parece haber molestado a algunos es que se filtrara todo lo que ocurrió. En la dinámica de los deportes de equipo hay muchas discusiones, pero lo que pasa a puerta cerrada no sale por la ventana. Es una de las normas de cualquier vestuario, que se ha roto en este caso, y algunos como Markieff Morris están más preocupados por el hecho de que se haya filtrado que por los acontecimientos en sí.

“Lo que está pasando es algo jodido”, dijo Morris a The Athletic. “Ganar no hace que se pase. Que salgan estos comentarios del vestuario es algo jodido. Es un desastre. No sé quién ha sido, así que es difícil arreglarlo. Pero es un desastre”. 

Uno de los pecados de los Wizards es hablar mucho y esforzarse poco. Cada training camp leemos declaraciones en las que Wall o Beal se colocan a sí mismos como el mejor backcourt de la NBA, pero cuando se les ve jugar no se aprecia conjunción entre ellos ni esfuerzo en general en la plantilla. Esa falta de sintonía en la pista es evidente que también existe fuera de ella, algo acentuado con la llegada de gente como Rivers o Dwight Howard (quien parece que no tiene culpa en esta ocasión pero se las ha arreglado para haber estado en muchos de los vestuarios que se han roto en los últimos años), y esto viene de atrás, como ya vimos en la temporada pasada especialmente con el cruce de declaraciones públicas entre Marcin Gortat y John Wall.

“No creo que caiga bien ni a sus compañeros” 

“Todo el mundo come”, dijo Bradley Beal tras una de las victorias que consiguieron el año pasado mientras John Wall estaba lesionado. “Ese es nuestro lema cuando movemos el balón”. 

“Gran victoria de ‘equipo'”, twitteó Marcin Gortat después de otra de esas victorias de los Wizards sin John Wall, haciendo énfasis en las comillas en la palabra ‘equipo’.

Estas dos declaraciones se vieron públicamente como dardos para Wall, implicando que estaban jugando más conjuntados gracias a su ausencia, y Wall incluso llegó a responder con un “lol” al tweet de Gortat.

“Eso me ha hecho gracia”, dijo Wall primero sobre las declaraciones de Bradley Beal y Gortat. “Es una broma. Decir victoria de equipo y poner exclamaciones o decir que todo el mundo come y todo eso. Soy uno de los bases que más pasa el balón. Me llegan a decir que paso demasiado incluso. Sé lo que hago por mi equipo, sé lo que doy cada noche. Como digo, si alguien tiene un problema conmigo puede hablarlo como un hombre cara a cara. Y si no eres capaz de hacer eso pierdo el respeto que te tengo”. 

“Sé que soy un jugador de equipo, promedio casi 10 asistencias por partido”, decía Wall también a SportsCenter, y en este caso se centraba más en Gortat. “Me siento muy orgulloso por encontrar a mis compañeros y conseguirles canastas fáciles. Es incluso más sorprendente escucharlo de él sabiendo que la mayoría de asistencias que recibe son mías y que es quien más doy de comer”. 

Es posible que se sacaran las declaraciones de contexto, pero algo parecía haber motivando todo este conflicto. Marcin Gortat salió traspasado en verano. Pero lo más curioso es que esta polémica llegó después de un pique entre Wall y el base de los Dallas Mavericks J.J. Barea en el que el boricua fue directo a la yugular después de que el de los Wizards le llamara “enano con ganas de enfadarse”.

“Ahora ya tengo alguien que me cae mal en la NBA”, dijo Barea. “Es el primero. Ya no me gusta nada. Pero no creo que caiga bien ni a sus compañeros. Así que no es nada nuevo para él”. 

Menos margen de maniobra que en un parking de El Corte Inglés

Los Washington Wizards son actualmente una de las 10 franquicias que más gastan en salarios en la NBA. Tienen más de $131 millones comprometidos para esta temporada, y más de $117 millones en sus cuentas ya para la temporada que viene, lo cual significa que estarían por encima del límite salarial aunque no renovasen a sus jugadores que terminan contrato (Austin Rivers, Dwight Howard, Kelly Oubre, Markieff Morris, Tomas Satoransky…).

La cuenta se hace rápido: entre John Wall, Bradley Beal, Otto Porter e Ian Mahinmi cobrarán más de $108 millones la temporada que viene. Se colocarían ya en el límite salarial con solo esos tres jugadores y Mahinmi.

Como vemos, John Wall pasará a cobrar el máximo de $38 millones la próxima temporada, un contrato que llegará a superar los 47 millones de dólares en la 2022/23 cuando tenga 32 años. Aunque Wall es considerado una estrella en la NBA, ese contrato hará que cualquier franquicia que pueda tener interés en él se lo piense más de una y más de dos veces. Los New Orleans Pelicans, por la presión que tienen con Anthony Davis (candidato a sumarse a la moda de la Pre-Agency) o los Miami Heat serían dos franquicias candidatas a asumir el riesgo.

Pero hay un motivo por el cual es altamente improbable que Wall sea traspasado, al menos antes del 1 de julio de 2019. Su contrato actual tiene un trade kicker (un bonus por traspaso que se aplica a los años restantes de contrato que tenga) del 15%. Esto ocurre con muchos jugadores en la NBA. Sin embargo, como explica Zach Lowe, la peculiaridad con Wall es que el año que viene pasará a cobrar el máximo. Al estar ya en el máximo del año que viene, y no poder por lo tanto sumarse el bonus al contrato (no se puede superar el máximo, como su nombre indica), ese trade kicker correspondiente habría que pagárselo en su totalidad este año, y sería una cantidad de millones muy elevada. Por el contrario, si le traspasaran después del 1 de julio el impacto de este bonus sería mínimo o casi nulo.

Si los Wizards van a hacer algún movimiento, Bradley Beal será la pieza más atractiva que tengan, y de hecho los primeros rumores apuntan a que franquicias como los Pelicans están más interesadas en el escolta que en Wall. Beal es un All Star de 25 años con un contrato adecuado para su producción y edad, y que seguramente sea capaz de destacar aún más en un ambiente menos viciado que el de los Wizards.

Pese a todo… siguen estando en el Este

Encontrarse en la Conferencia Este ha dado esperanzas a muchos equipos a la deriva durante los últimos años. El hecho de que con estar rondando el 50% de victorias puedas ser un equipo de Playoffs hace que muchas gerencias aguanten el tipo con plantillas rotas pero con talento para ver si suena la flauta después en postemporada. Es el mismo caso de los Wizards de la 2017-18: fueron una auténtica decepción, pero pudieron seguir diciéndose a sí mismos que eran un equipo de Playoffs.

Eso vuelve a aplicarse este año. Washington comenzó con un balance 2-9, pero después de empezar a sumar victorias ha conseguido colocarse a 2-3 partidos de los puestos de Playoffs del Este. De nuevo, esto no tiene mucho mérito cuando el octavo equipo, el que marca el corte, apenas está siendo capaz de mantenerse en el 50% de victorias.

De todas formas, esta vez no debería valer con entrar en los Playoffs, si es que logran hacerlo después de todo. Con lo que ha trascendido es difícil imaginar un futuro cercano en el que los Washington Wizards no abran las ventanas y dejen correr el aire en un vestuario que huele a cerrado desde hace ya tiempo.