Una de las historias a seguir el próximo verano es la de los Oklahoma City Thunder. Un equipo llamado a tratar de luchar por cotas altas, pero que se ha estrellado en los Playoffs desde la salida de Kevin Durant. ¿Qué nivel de desesperación tendrán? ¿Cómo pueden mejorar su plantilla?

El banquillo

Una vez más, las dudas se van acumulando entorno al banquillo de los Oklahoma City Thunder según se van sumando también las decepciones. Pasó con Scott Brooks en la etapa anterior, y comienza a suceder con Billy Donovan de nuevo.

Muchas de las críticas que se utilizaron en su día con Brooks se aplican de nuevo ahora con Donovan. Especialmente en lo relacionado con el ataque de los Thunder y su dependencia de sus dos estrellas, antes Russell Westbrook y Kevin Durant, y ahora el mismo Westbrook junto a Paul George. El sistema de los Thunder depende en su totalidad de las ventajas que puedan obtener esos dos jugadores, pues el resto, a excepción de Dennis Schröder, no son creadores de juego. Si uno de ellos, o los dos, no está a su mejor nivel, todo se derrumba.

Pero Donovan tiene algunos motivos para sacar músculo. El más importante de ellos, la defensa. Siendo totalmente sinceros es lo que se debe esperar de un equipo que utiliza un quinteto defensivo con tres buenos defensas (Steven Adams, Paul George y Jerami Grant, más Andre Roberson antes de la lesión), pero lo cierto es que los Thunder han encontrado por fin una identidad defensiva, metiéndose esta temporada en el top 5 de mejores defensas de la liga al encajar solo 106.4 puntos por cada 100 posesiones (4º lugar), su mejor dato desde que terminaran en la misma posición en 2013, y la confirmación de una tendencia ascendente en las últimas campañas (10º en 2017, 9º en 2018).

Cuando te planteas cambiar de entrenador, además, debes valorar si las alternativas que hay disponibles son mejores. ¿Hay alguien disponible que sea claramente mejor? Si no va acompañado de una reconstrucción total o parcial de la plantilla, ¿sería capaz ese entrenador de sacar más de los jugadores actuales? O, preguntándolo ya directamente: después de que pasara más o menos lo mismo con Brooks y Donovan, ¿sería otro entrenador capaz de hacer jugar a los Thunder a otra cosa si Westbrook sigue siendo su líder?

El entrenador normalmente suele ser el eslabón más débil, pero parece que por ahora Billy Donovan seguirá contando con la confianza de Sam Presti.

Las estrellas

Por su condición de estrellas y líderes, son quienes se llevan los méritos cuando todo sale bien, pero también las críticas cuando los resultados son malos. Y si de algo sabe Russell Westbrook a estas alturas de su carrera, es de críticas y de cuestiones acerca de su rendimiento.

Ya se ha repetido casi hasta la saciedad, pero Paul George ha firmado una temporada brillante, merecedora de entrar en la carrera por el MVP, hasta que sufrió la lesión en el hombro. A partir de ese momento su rendimiento, así como el de los Thunder, se vio claramente afectado.

En la postemporada volvimos a ver al mejor Paul George, pero siempre con la sensación de que algo no terminaba de ir del todo bien. Nunca sabremos si estaba sano del todo o no, pues cuando algo va mal en Playoffs rápidamente se tiende a hablar de cansancio o salud. Pero George, al igual que Westbrook, ambos estrellas con todas las letras, se vieron superados por otra supernova que brilló más que ellos: Damian Lillard.

Russell Westbrook, por su parte, ha promediado un triple doble por tercera temporada consecutiva. Se dice rápido, pero es como pararse a pensarlo. Aunque se sea un hater del triple doble, por entenderlo como una alineación numérica random que no importaría más que un 15-15-6, por ejemplo, hay que saber valorar en su justa medida lo que ha hecho Westbrook. Hace muy poco promediar un triple doble durante una temporada parecía algo de otra época, algo que haría Oscar Robertson, algo que ni siquiera Jason Kidd, el rey del triple doble que habíamos conocido los de mi generación, había logrado. Westbrook lo ha hecho en tres temporadas consecutivas.

Pero algo que también ha sucedido por tercera temporada consecutiva es el hecho de que los Oklahoma City Thunder se han quedado fuera de los Playoffs en primera ronda. Y, como sucedió en las dos veces anteriores, dejando la sensación de haber estado muy lejos de haber ganado la serie. Sea justo o no, la mayor parte del peso de este resultado cae sobre los hombros de la estrella principal, la llamada a liderar al equipo a cotas más altas.

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Los acompañantes

Hubo un tiempo, hace no muchos meses, en el que hubiéramos argumentado que los Thunder tenían en sus filas un big 3: el formado por Westbrook, George y Steven Adams. Pero este último no ha estado a la altura de esta categoría en la última temporada.

La bajada de nivel de Adams este año ha hecho mucho daño a los Thunder. Quizás no se aprecie a simple vista con los números, que son bastante similares a los de la temporada anterior, pero las sensaciones han sido muy diferentes, estando un paso más lento en general y firmando el peor porcentaje en tiros libres de su carrera. Quizás fuese inviable que Adams mantuviera el altísimo nivel de la 2017-18, pero los Thunder contaban con ello para haberse mantenido con vida durante más tiempo.

La incorporación de Dennis Schröder sirvió como una transfusión de sangre fresca y dio buenos resultados durante la temporada regular, pero en sus primeros Playoffs con los Thunder el alemán no pudo ayudar a marcar una diferencia. Y si nos vamos más allá de Adams, Schroder y el polivalente Jerami Grant, nos encontramos un abismo cuando buscamos a algún secundario más cuyo rendimiento sea reseñable. La preocupante lesión de Andre Roberson no ha ayudado tampoco en ese sentido.

La rotación de un equipo importante en Playoffs necesita al menos 7 u 8 jugadores de nivel fiable en los que poder confiar. Los Thunder no cumplen con ese mínimo.

Las soluciones

Entre los contratos de Westbrook, George, Adams, Schröder y Roberson los Oklahoma City Thunder tienen comprometidos ya más de 123 millones de dólares para la próxima temporada. Con solo esos cinco jugadores se colocan ya por encima del impuesto de lujo de esta temporada (para la próxima está proyectado en $132 millones).

Ni que decir tiene que los Thunder tienen una flexibilidad muy reducida para mejorar su plantilla este verano. No podrán aspirar a los mejores agentes libres, y utilizar su mid exception para alguna incorporación interesante les comprometería ya también a pagar el impuesto de lujo. Habrá jugadores de rotación disponibles a ese precio (la excepción se estima que valdrá unos $9.2 millones), pero al entrar en impuesto de lujo de nuevo ese dinero se multiplica.

En cuanto al Draft, los Thunder contarán con el pick 21 para seleccionar a un rookie que crean que pueda ayudarles a corto plazo o en el futuro, o bien para traspasar esa selección. Este Draft se presupone flojo: después de Zion Williamson la percepción que tienen los expertos es la de que hay un gran bajón en talento y potencial, y los Thunder no estarán en una buena posición precisamente. Pero tampoco se puede descartar que consigan sacar algo positivo de su elección.

El mercado de traspasos y una opción arriesgada

Si Sam Presti quiere darle un nuevo lavado de cara a la plantilla, o simplemente lograr alguna incorporación importante, tendrá que ser a través del mercado de traspasos.

Parece altamente improbable que los Thunder se planteen traspasar a Russell Westbrook, con lo cual podemos sacarlo de la ecuación. Probablemente también podemos hacer lo mismo con Paul George, un jugador de primera línea al cual tienen atado ya también para las próximas tres temporadas (player option la última).

La situación se pone interesante cuando llegamos a los siguientes candidatos. Dennis Schröder es un jugador traspasable por su precio, $15.5 millones durante las dos próximas temporadas, así que síq ue podría despertar algún interés. Más dudas hay sobre el atractivo en el mercado de Steven Adams y sus $25,842,697 y $27,528,088 de las dos próximas temporadas. Adams sigue siendo un pívot muy útil, que hace solo un año brillaba al nivel casi de estrella, pero las franquicias interesadas en él tendrían que ser candidatas a Playoffs, lo que dificulta que den a otro jugador de nivel a cambio, o tienen que ser franquicias en reconstrucción que te den a un jugador mejor pero con peor contrato a cambio.

A Sam Presti no le tiembla el pulso a la hora de echar el resto, así que podemos esperar que al menos intente dar otro golpe de efecto este verano. ¿Qué jugador de nivel puede ponerse a tiro y ser obtenible con un traspaso centrado en Adams y/o Schröder?

Un nombre que supone un riesgo enorme, pero que es interesante seguir en este caso concreto, es el de Kevin Love. El jugador firmó una extensión de contrato con los Cleveland Cavaliers el pasado verano y después se perdió gran parte de la temporada con una lesión, una de las mayores preocupaciones con él. Este es el nuevo contrato de Love a partir de la próxima temporada:

2019-20: $28,942,830
2020-21: $31,258,256
2021-22: $31,258,256
2022-23: $28,942,830

Habitualmente ese contrato, en alguien con ciertos problemas de lesiones y que va a cumplir 31 años en septiembre, no se tocaría ni con un palo. Pero cuando Love ha estado bien ha sido una tercera pieza perfecta para un equipo con un dominador de balón (LeBron / Westbrook) y un buen segunda espada (Irving / George).

Los Cleveland Cavaliers firmaron ese contrato para no perderlo a cambio de nada, y porque estaban convencidos de que habrá alguien lo suficientemente desesperado como para apostar por Love, en una situación similar a la de los Clippers un tiempo antes con Blake Griffin. Otras opciones disponibles y con una relación riesgo / recompensa menor son Hassan Whiteside (Miami Heat) o Andrew Wiggins (Minnesota Timberwolves).

Ahora la cuestión es ver qué nivel de desesperación sienten Sam Presti y los Oklahoma City Thunder.