Es época de negación. De no creer que el dinero hará mejor, porque sí, a un equipo ni que sumar talento a lo bruto, entendido éste como facilidad para jugar, derivará en un colectivo más fuerte. En el primer punto Knicks, Nets o Lakers pueden asentir. Para el segundo hay muchos ejemplos, quizás incluso demasiados.

Cuando Masai Ujiri, General Manager de los Raptors, cerró el pasado 9 de Diciembre el traspaso de Rudy Gay a los Kings, la primera lectura del movimiento fue obvia para Toronto: acierto pleno de cara a la flexibilidad salarial. Con la franquicia canadiense en plena reconstrucción deportiva, los casi 18 millones de dólares de esta temporada y los más de 19 de la siguiente (Player Option mediante) que podían ir a parar a las arcas de Gay parecían demasiado. Y en efecto lo son, a quién vamos a engañar a estas alturas.

Dejando aparte el brillante sentido económico del movimiento,  así como la posibilidad de referirse a Ujiri como una especie de Harry Houdini de la Gerencia (deshacerse en apenas unos meses de los contratos de Andrea Bargnani y el propio Gay es un soberbio ejercicio de escapismo), los Raptors posiblemente también intuían que el cambio no sólo iba a tener efectos beneficiosos en la salud salarial. Que podía ir más allá.

Masai Ujiri, General Manager de los Toronto Raptors
Masai Ujiri, arquitecto de los nuevos Raptors

En aquel momento Toronto mostraba un 6-12 de balance, exhibiendo un comienzo discreto y unos síntomas de que la situación podía tener difícil solución. Pero tras el cambio, y hasta la fecha, el conjunto de Dwane Casey presenta un 20-10 de registro que le ha situado en los puestos cabeceros de la Conferencia Este. La diferencia es salvaje pero, ¿qué ha cambiado realmente? ¿por qué los Raptors se han convertido, de repente, en un equipo ganador?

Trataré de condensarlo en siete claves:

1) Antes de ser traspasado, Rudy Gay venía usando un 30% de las posesiones ofensivas de los Raptors. ¿Qué quiere decir esto? Que prácticamente una de cada tres jugadas acababan  (y a veces también empezaban) en sus manos para decidir, una cifra que le situaba sin pudor en la esfera superior de la NBA. Para hacernos una idea, actualmente sólo DeMarcus Cousins, Carmelo Anthony y Kevin Durant presentan un índice de al menos un 30% de uso. Únicamente tres jugadores en toda la Liga. Otra forma de decirlo: Gay absorbía mucho, muchísimo juego. Esto no es necesariamente bueno, claro.

Y no lo es sobre todo porque Gay estaba jugando mal. Porque efectivamente uno puede asumir una cuota muy elevada de juego pero resultar determinante, ahí está por ejemplo Kevin Durant para defender la postura. Pero en el caso del jugador formado en Connecticut no estaba siendo el caso. Con un paupérrimo 38% en tiros de campo y su ya tradicional mala toma de decisiones en la parcela ofensiva, el lastre era significativo. Además, su pasividad defensiva aumentaba las proporciones del agujero.

2) Cada partido jugado dejaba más evidente la poca compatibilidad de Rudy Gay con DeMar DeRozan. Ambos el mismo perfil de jugador, necesitando altas dosis de balón (y sólo hay uno para todos, no olvidemos) y con radio similar de acción. Jugando a la vez, reducían espacio, toda ventaja y se solapaban con frecuencia. Ambos tenía dificultades para resultar útiles en el lado débil del ataque, ambos irregulares en el tiro no generaban amenaza exterior. En definitiva ambos a la vez en cancha abocaban el ataque -y el proyecto- al precipicio.

Como consecuencia de su falta de química en cancha, el ataque se volvía predecible y la circulación de balón muy pobre. Con Gay, Toronto presentaba el peor índice de asistencias por canasta de toda la NBA (49%). Tras su marcha el valor se ha disparado al 62%, tercera mejor marca de la Liga, mostrando lo que es un secreto a voces: la fluidez ofensiva ahora sí existe y a través ella se generan ventajas. Es preferible que corra el balón al jugador. Y en Toronto ahora vuela el balón.

3) Con Gay y DeRozan acaparando tanto volumen ofensivo (en torno al 56% del total, una barbaridad), el papel de Kyle Lowry era muy limitado. Poco peso en la toma de decisiones, poca capacidad de involucrar a sus compañeros, poca influencia global. Un Lowry volátil es un arma de doble filo, una moneda al aire, pero un Lowry con un rol importante (y en último año de contrato) es un jugador muy valioso. El base de Villanova ha subido enormemente sus prestaciones en buena parte porque ahora es el dueño del ataque. Y el balón en sus manos suele generar buenas noticias, para él mismo y sobre todo –y aquí lo más importante- para el resto.

Kyle Lowry
Kyle Lowry, líder en cancha de Toronto

Tanto DeRozan como Lowry han elevado su nivel sin Gay. ¿Casualidad? No. En el caso de DeRozan, aun lanzando a canasta y anotando prácticamente lo mismo que antes, tiene más el balón (+3% en su uso) y genera ventajas para el resto, en forma de espacios y asistencias ya que lee mejor el juego que Gay. Su visible progreso ha sido recompensado con una llamada para el All-Star Game, la primera de su carrera. Revelando que el camino elegido, así como la forma adoptada, es el correcto.

En el caso de Lowry, su incremento en el uso (también +3%), se traduce principalmente en un mayor número de jugadas de pick&roll, aspecto del juego en el que se muestra letal, tanto a la hora de producir para si mismo como para sus compañeros. Lowry ha recibido como herencia peso ofensivo, factor crucial a la hora de provocar el salto en su juego y convertirle, a día de hoy, en uno de los bases más resolutivos del Este. Y desde luego en faro de su equipo sobre el parqué.

4) Quedarse de golpe sin un jugador que consume casi un tercio de tu juego ofensivo se debe compensar de algún modo. Aparte de los mayores galones para Lowry y DeRozan, cuya mejor lectura de juego agradece el colectivo, los Raptors han reactivado las sensaciones de dos jóvenes que pueden (y deben) ser parte importante del futuro de la franquicia.

Jonas Valanciunas ha sido uno de los grandes beneficiados del cambio de estilo. No tanto numéricamente como a la hora de sentirse parte mucho más activa del juego. El lituano es vital para el juego directo con Lowry y presenta síntomas de mayor actividad y regularidad, dos de sus grandes problemas.

Pero seguramente el mayor impacto lo está aportando Terrence Ross, que ha pasado de un papel muy secundario (18 minutos y apenas 6 tiros por partido) a uno importante (titular, jugando 30 minutos y lanzando 11 veces por noche). Más confianza para un jugador que, además, aporta algo muy necesario: tiro exterior. Ross abre mucho la cancha y supone amenaza desde el perímetro. Ese espacio extra, su tiro y la ya citada mejora en la circulación alimentan toda la cadena ofensiva.

El reencuentro de Ross con la confianza, el arma más poderosa (o venenosa ,según el caso) de la que dispone un jugador, le ha llevado incluso a la primera plana con los 51 puntos que fue capaz de anotarle a los Clippers hace unos días. Ha pasado de estar casi olvidado a que se confíe en sus posibilidades a través del aumento en la pluralidad en el equipo. Se ha desarrollado su ambición y ahora es pieza de valor en un conjunto ganador.

5) ¿Cómo se nota todo esto en el ataque? En la Eficiencia. Toronto ha pasado a producir durante el período sin Gay 106 puntos por cada 100 posesiones -duodécima marca en toda la NBA-, cinco más que antes (101, 19º registro de la Liga), una mejora sustancial que proviene de su mejor circulación de balón y más cuidada selección de tiro. Así, los ‘nuevos’ Raptors no sólo pierden menos balones sino que han elevado su porcentaje efectivo en el lanzamiento (eFG) del 47 al 50%.

En realidad no es la Eficiencia más que la constatación numérica de que el guión ha cambiado. De que Toronto ha puesto en marcha un plan que hace crecer, y de forma notable, tres factores básicos para cualquier ataque. La confianza colectiva (todos se ven capaces de aportar y saben cómo), el espacio ofensivo (hacer la cancha más grande obliga al rival a defender más terreno) y la circulación de balón (mover bien el balón genera buenos tiros, y generar buenos tiros aumenta los porcentajes).

6) Pero no sólo en ataque se nota cambio, en defensa la evolución es también apreciable. Toronto ha pasado de tener la decimotercera Eficiencia Defensiva (102 puntos recibidos por 100 posesiones) a la quinta de toda la Liga (100 puntos por 100 posesiones) en el período post-Gay, únicamente por detrás de Pacers, Bulls, Warriors y Thunder.

Los porcentajes rivales han caído del 51% al 48%, en lo que supone el sexto mejor dato de toda la competición, fruto de un progreso en prácticamente todas las áreas de lanzamiento rival, con especial atención para la restringida (la más cercana al aro) donde Toronto deja al adversario en apenas un 58%, sexto mejor dato de la NBA, después de merodear la zona media antes del traspaso (15º de la Liga).

El balance defensivo es mucho mejor (se ataca menos el rebote de ataque) y la sensación de unidad más desarrollada. La protección del aro ha acrecentado la seguridad tanto a la hora de defender posiciones interiores como de cerrar el rebote defensivo. Se ha fortalecido, en definitiva, el comportamiento defensivo sin variar el plan. Al igual que con la Eficiencia Ofensiva, en el apartado defensivo bastan unos minutos de atención para contemplar el cambio. La actitud ayuda a mejorar la aptitud.

Quinteto de Toronto Raptors

7) Y es que si algo ha cambiado en Toronto es la sensación colectiva, la química de equipo y la capacidad de involucrar jugadores en ambos lados de la cancha. Los Raptors son, en buena medida, el mismo bloque que antes pero la diferencia radica en la identidad adquirida, que eleva sus prestaciones a un nivel superior al esperado. Casey ha encontrado la fórmula de que sus jugadores no sean elementos individuales, como ocurría antes, sino parte activa de un objetivo común. Y desde ahí comienza a edificarse el éxito de los Raptors.

Así, del proyecto con aroma radioactivo desprendido hace no tanto, en apenas unos meses –y aún con el enigmático futuro de Lowry por resolver- Toronto ha sentado las bases de una idea sana y por desarrollar. Un plan interesante fruto del lazo entre despacho, banquillo y sentido común. Red Auerbach lo dijo ya hace mucho, aunque demasiado a menudo lo olvidemos. No se necesita a los cinco mejores para jugar, sino a los cinco que formen el mejor equipo.

Puede que en Toronto, al final, esté saliendo el sol.

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**Tabla Anexa, indicativa de los cuatro jugadores de mayor impacto en Toronto (cifras previas y posteriores al traspaso de Gay):

DeMar DeRozan:

21.3 puntos (43% en tiros de campo). 18 tiros por partido. 2.7 asistencias.

22.5 puntos (43% en tiros de campo). 18 tiros por partido. 4.4 asistencias.

Kyle Lowry:

14.3 puntos (41% en tiros de campo y 36% en triples). 11 tiros por partido. 6.6 asistencias.

18.3 puntos (45% en tiros de campo y 42% en triples). 13 tiros por partido. 8.2 asistencias.

Jonas Valanciunas:

9.3 puntos (47% en tiros de campo).  8 tiros por partido.

11.5 puntos (52% en tiros de campo). 8 tiros por partido.

Terrence Ross:

18 minutos. 6.2 puntos (41% en tiros de campo y 34% en triples). 6 tiros por partido.

30 minutos. 13 puntos (42% en tiros de campo y 42% en triples). 11 tiros por partido.