“With the 5th pick in the 2018 NBA Draft, The Dallas Mavericks select… Trae Young, from the University of Oklahoma”. 

Trae Young escuchó estas palabras desde la green room, se puso una mano en el pecho, y señaló al cielo. No podemos decir que el anuncio le cogiera por sorpresa: era ya por todos sabido que los Dallas Mavericks habían traspasado esa elección junto con otro pick de Draft a Atlanta a cambio de Luka Doncic, y que los Hawks tenían la intención de elegirle, información que su agente le había dado en los minutos previos. Se puso en pie, abrazó a todos sus acompañantes y subió al estrado, donde posó sonriente junto a Adam Silver mientras lucía una gorra de los Dallas Mavericks que sabía que no tendría que llevar durante mucho tiempo más.

Probablemente en ese momento Young ya supiera que desde entonces todo lo que hiciera iba a ser comparado por mucha gente con lo que hiciera también el prometedor base esloveno. Casi como se le había comparado hasta entonces con Stephen Curry. Y, seguramente, ya le importase un bledo.

Siempre en el foco, siempre tras la sombra

Pese a llevar ya un tiempo en lo que llamamos la era de las redes sociales, pocos jugadores habían tenido hasta ese momento un impacto mediático como el de Trae Young durante su año freshman en Oklahoma. Los ingredientes estaban ahí: un chico talentoso, con carisma, con un estilo de juego ofensivo hecho a medida para el baloncesto actual. Y con un medio deportivo, ESPN, que rápidamente vio el interés que levantaba Young y decidió explotarlo.

Ver lo que hacía Trae Young se convirtió en una atracción, y no era para menos. Durante 18 partidos consecutivos no bajó de los 20 puntos. Pasó de los 40 puntos en cuatro encuentros, en uno de ellos llegando a intentar 20 triples. Trae Young era todo un reclamo para ESPN. ¿Es Young candidato a ser el número 1 del Draft? ¿Cuántos triples intentará esta vez? ¿Es Young el próximo Stephen Curry? DeAndre Ayton era considerado el mejor proyecto, y Luka Doncic comenzaba también a despertar cada vez más interés, pero Trae Young era lo que vendía, para bien o para mal.

Porque igual que hubo un punto alto a finales de enero con actuaciones de 44 y 48 puntos, después llegó la caída. Sus porcentajes se desplomaron al mismo tiempo que su equipo comenzó a perder cada vez más, y despidió la temporada por la puerta de atrás. Los críticos se cebaron. Era una escopeta de feria, un mal defensor. Jamás sería como Stephen Curry. Tampoco es que él quisiera serlo, claro.

Curry se cansa de las comparaciones con Trae Young. Sus palabras y gran consejo para el rookie…

“No quiero ser conocido por cualquier otra persona. No quiero ser el nuevo Stephen Curry”, declaraba Trae Young antes del Draft sobre la alargada sombra de Curry. “Él es Steph Curry, y es Steph Curry por un motivo. Yo soy Trae Young, y mi orgullo no está en ser como él. Obviamente quiero conseguir lo mismo que él, pero eso no significa que quiera ser como él. Yo quiero ser yo mismo, Trae Young”.

Golden State Warriors de ‘Hacendado’

Los expertos no se aclaraban con Young. Todos veían el talento y la capacidad de lanzamiento, pero tenían diferentes opiniones en cuanto al resto de aspectos de su juego y su techo, y terminar la temporada en un punto bajo tampoco ayudó. Estaba claro que podía llegar a ser un gran lanzador exterior, pero no tantos dieron importancia a su capacidad de crear para otros y de asistir en un equipo bastante mediocre si excluimos al mismo Young. “La defensa siempre será un problema para él”, podía leerse en varios informes de scouting. Algunos incluso le llegaron a ver en riesgo de caer fuera del top 10 antes del Draft.

Pero Young tenía un fan en Travis Schlenk, y el general manager de los Atlanta Hawks contaba con un plan. Lo primero era reconocer que seguían en una fase de reconstrucción, y que por ello era importante sacar el mayor número de piezas de futuro que pudiera, incluso traspasando su ronda. Y lo segundo, a pesar de que asegurase que hubiera elegido a Luka Doncic de no haber traspasado el pick, era tratar de replicar el modelo y estilo de los Golden State Warriors. Y el movimiento de sacar otra ronda y llevarse a Trae Young encajaba a la perfección en ese plan.

Antes de hacerse cargo de las decisiones en los Atlanta Hawks en mayo de 2017, Schlenk estuvo doce años en los Golden State Warriors, comenzando como scout de vídeo, pasando por asistente de entrenador y terminando como asistente del general manager. Durante ese tiempo, Schlenk vio pasar a cuatro entrenadores diferentes, y sin embargo abandonó la franquicia con dos anillos de campeón. Eso le hizo valorar la importancia de convencer a la gerencia de que hay que tener una visión de futuro clara para la franquicia. De esa forma, cuando llegó a los Hawks, lo primero que hizo fue traspasar a Dwight Howard y dejar marchar a Paul Millsap primero, y a Mike Budenholzer después.

“El sentimiento era que los Hawks que teníamos ya habían pasado sus mejores años”, explicaba Schlenk al Mercury News. “Veíamos un declive lento y gradual cada año. La pregunta era: ¿seguimos añadiendo piezas a este grupo para tratar de levantar el vuelo, o pulsamos el botón de reset?”.

La opción elegida, tras convencer al dueño de la franquicia, fue la segunda. La intención era clara: tratar de construir su propia versión de los Warriors en Atlanta, con paciencia, con jóvenes y acumulando derrotas pero también picks de Draft.

“El Draft obviamente te da la mejor oportunidad de obtener un talento que cambie tu franquicia”, aseguraba Schlenk. “Pero también hay algo de suerte en el proceso. Tiene que haber talento en el Draft cuando llegue tu turno. Con Golden State construimos la base del equipo a través del Draft”.

Y así llegaron Trae Young (¿Curry?), Kevin Huerter (¿Klay Thompson?) y Omari Spellman (¿Draymond Green?) en la primera ronda del Draft de 2018, junto al pick de 2019 obtenido en la operación con los Mavs.

Explota Trae Young: cuatro tremendos datos que le colocan en un selecto club de privilegiados

‘Say my name’

La mala racha en el lanzamiento exterior con la que Trae Young terminó su año universitario se extendió también al comienzo de su temporada rookie en la NBA. En el mes de noviembre Young firmó un 19.8% de acierto en triples con 5.3 intentos por partido, una cifra catastrófica.

Desde el comienzo de diciembre, sin embargo, está metiendo un 37.8%, un dato más estable y fiable a largo plazo, y que continúa al alza en febrero (43.7%).

Pero no todo es triple en Trae Young. Sí, es cierto que su capacidad de anotar desde la larga distancia es su arma más anticipada y mortífera, pero no es la única. Su lectura del pick and roll es avanzada para un base rookie, y su habilidad para el pase ya la quisieran muchos bases que han tenido carreras largas en la NBA. Ahora mismo Trae está promediando 27 puntos y 11.7 asistencias por cada 100 posesiones, un dato sin precedentes históricos para un rookie, siendo los números más cercanos los 24.2 y 11.7 de Chris Paul. Si quitamos el filtro de los novatos, Young se uniría a un club en el que solo están Russell Westbrook y Nikola Jokic esta temporada.

Y no es solo eso: Trae Young tiene chispa. Tiene carisma. Tiene sentido del espectáculo. Y hambre de competición.

John Collins regresó a finales de noviembre, y desde el mes de diciembre los Hawks firman un balance de 16 – 23. Es un 41% que ciertamente no es ninguna maravilla, pero que da otra sensación en comparación con el 32% del global de la temporada. También es básicamente el mismo récord que tienen en este mismo periodo los Dallas Mavericks de Luka Doncic, indiscutible Rookie of the Year ya por más que les pese a los fans de otros novatos. En el global de la temporada los Hawks tienen un net rating de -6.6 (son 6.6 puntos por cada 100 posesiones peores que sus rivales), pero con Young y Collins en la pista esa cifra se reduce a -3.5, y es solo de -2.0 si contamos los partidos jugados en 2019. No es buen dato, pero los Atlanta Hawks son competitivos con ellos dos en la pista. 

Tampoco debemos confundirnos, Atlanta se encuentra aún como mucho a medio camino de su reconstrucción, si no es más lejos aún. Y las reconstrucciones desde el fondo te pueden salir como la de los Celtics si logras estafar a un Billy King; como la de los 76ers si aciertas con un par de esos picks de lotería; o por el contrario como las de Phoenix o Sacramento, pasándote años y años sin salir del fango.

Aún no sabemos cómo saldrá la de Atlanta. Trae Young junto a John Collins no es un mal comienzo, pero necesitarán más. Ahí entra la evolución de los Kevin Huerter, Taurean Prince u Omari Spellman. Y su pick de Draft de este año, que apunta a top 5. Y el pick de Dallas también de este año, siempre que no sea top 5, o del que viene si le toca la lotería a Mark Cuban. También tendrán espacio salarial en los próximos veranos, aunque la lógica dice que no tratarán de usarlo de verdad hasta el año que viene en 2020 o hasta dentro de dos, en 2021, cuando John Collins sea restringido, a Trae Young aún le quede un año del contrato rookie y, si todo ha ido bien, ambos sean capaces de atraer a un jugador o jugadores que les den un salto de calidad.

En el mes de enero, y tras escuchar las comparaciones y las preguntas durante unos cuantos meses ya, Young habló por fin sobre la comparación con Luka Doncic, insistiendo en lo que se ha convertido ya en su leitmotiv: yo soy yo, no soy ni Steph ni Luka, y confío en mí mismo.

“Obviamente yo escucho todo eso. No se puede obviar”, dijo Young a ESPN en enero. “Luka está teniendo un año muy bueno hasta ahora. Y yo lo que estoy haciendo es centrarme en mí mismo y en mi equipo. Sé que es fácil decirlo, pero estoy dedicado en pleno a mis compañeros. Y creo que, al final, el movimiento funcionó para ambos equipos. Así lo veo. Luka lo está haciendo muy bien. Y creo que yo también“. 

“Desde mi punto de vista no hay duda, voy a ser yo”, dijo Young al ser preguntado directamente quién será mejor en unos años, si Doncic o él. “Pero esa es mi naturaleza competitiva, lo que llevo en la sangre, y para mí no hay duda”. 

Trae Young no va a ser el próximo Stephen Curry. Aunque él tenga confianza, quizás tampoco llegue al nivel que pueda alcanzar Luka Doncic, que está por ver. Pero es que tampoco importa. Porque Trae Young ya se está haciendo un nombre en la NBA: el suyo propio.