«Es un chico alegre, con buena relación con sus compañeros y que ha sabido adaptar su vida a la de un club deportivo. Aún es muy joven, el año pasado era júnior, está aprendiendo la profesión de jugador de baloncesto, ya hemos visto a muchos chicos con condiciones que no asimilan bien su crecimiento y se quedan en promesas. De momento, solamente tiene que continuar trabajar así de duro y seguir creciendo, queda un largo camino». Eso afirma Paco Aurioles, entrenador del Clínicas Rincón, sobre uno de los culpables de la gran temporada de su equipo, Viny Okouo.

10.6 puntos (64.3% en tiros de campo), 7.6 rebotes, 1.1 tapones y 15.1 de valoración en 23:24 minutos por encuentro. Viny Okouo, pívot de 2.14 metros y 18 años, es una de las sensaciones en la presente temporada de la LEB Plata. Su gran temporada a los servicios del Instituto de Fertilidad Clínicas Rincón hace que desde Los Guindos se froten las manos, y es que este interior nativo en la República del Congo es, desde hace cuatro años, propiedad del Unicaja de Málaga.

Estadísticamente hablando, Okouo es el mejor jugador sub-20 de la división de bronce del baloncesto español. Su temporadón es más sorprendente sí tenemos en cuenta que hace cuatro años -cuando llegó a la costa del Sol desde Brazzaville- no sabía ni siquiera botar el balón. «Su esfuerzo diario, sus ganas de mejorar y el afán competitivo del jugador» son la clave de su actual rendimiento, tal y como nos explica su propio entrenador. «Viny es un jugador muy energético. Sus defensas, sus ayudas, tapones y rebotes portan contundencia al equipo. En ataque también es una referencia porque va mejorando en sus movimientos y cada día es más amenaza», explica Aurioles.

Es hijo de un policía y se crió entre peleas callejeras

Llegó a Málaga siendo cadete y desde entonces no ha hecho nada más que jugar. Desde Los Guindos cuando preguntamos por la figura de Viny Okouo todos recalcan su calidad humana, es un chico humilde, honesto, trabajador y que desde hace años tiene entre ceja y ceja el objetivo de ser jugador profesional. El que parece será su largo viaje con la pelota naranja no ha hecho, con 18 años, nada más que comenzar. Pero él parece ir por el camino correcto, está yendo «paso a paso y poco a poco», porque al igual que pronunciaba en su día Michael Jordan… no se concibe otra forma para conseguir las cosas.

VOkouo

Sus primeros pasos con la pelota naranja los dio en la peligrosa ciudad de Brazzaville (capital de la República del Congo). «El lugar donde yo vivía y pasé mi infancia era muy bonito pero también muy peligroso. Siempre había peleas en grupo entre barrios y, obviamente, existía el miedo«.

La mayor parte de su infancia la pasó en el colegio estudiando y durante los fines de semana siempre se escapaba de casa para ir junto a sus amigos a jugar al fútbol. Él no sabía lo que era el baloncesto ni lo había probado nunca, hasta que un día, por su altura (medía 2.05 metros cuando tenía 13 años) le animaron a que probara suerte. «Empecé a jugar al baloncesto cuando tenía 14 años en un equipo de mi ciudad que se llamaba ANBC. Al principio yo únicamente entrenaba, no jugaba los partidos porque no sabía jugar. Era patoso, cada vez que botaba el balón lo perdía«, recuerda con una sonrisa de oreja a oreja Viny.

Al igual que ocurrió con su compañero Romaric Belemene, Serge Ibaka ha cambiado la vida de Viny Okouo. Casi sin buscarlo… ni esperarlo. El internacional español ayuda en verano a los jóvenes jugadores congoleños y les permite seguir mejorando en un campamento donde perfeccionan la técnica individual y otras características del juego. Allí, por casualidad, se fijaron en Viny, que gracias a su superdotado físico siempre ha sido un jugador que ha llamado la atención. Sin tener casi recursos técnicos, el Unicaja apostaba por él en el verano de 2012.

Viny Okouo

«Para mí el Unicaja de Málaga es algo más que un gran club de baloncesto. Cuando yo no sabía ni siquiera jugar al baloncesto, ellos apostaron por mí y me trajeron aquí para ayudarme a crecer como jugador y permitirme el soñar en ser algún día profesional. Yo siempre les estoy muy agradecido, porque han ayudado a mejorar mi vida. La sensación que tengo cuando entró al Martín Carpena es muy difícil de describir, sueño con poder llegar a jugar allí algún día con el primer equipo«, confiesa el propio Okouo.

Desde su llegada a Los Guindos no ha parado de crecer, hasta convertirse en el prometedor jugador que es a día de hoy. Una persona que ha tenido mucho que ver en su actual rendimiento es Paco Alonso, el encargado de ayudarle a mejorar táctica y técnicamente en sus primeros meses por la costa del Sol. «Paco se volcó en mí desde el primer día en que llegué, me ha ayudado mucho en muy poco tiempo. Él apostó por mí, me inculcó unos valores deportivos que he mantenido durante cada uno de estos años».

El año de su explosión fue, quizás, el 2015. Viny Okouo firmó una gran temporada con el equipo júnior malagueño, tercer clasificado en un Campeonato de España sub-18 donde el interior congoleño estuvo entre los nombres propios al promediar casi un doble-doble por partido. Físicamente es uno de los jugadores más completos de su generación en España y técnicamente está dejando evidencias esta temporada de que no para de mejorar, manteniendo (eso sí) la misma ambición y siendo igual de constante con el trabajo que en 2012, cuando emprendió este viaje.

La que promete ser una larga historia de Viny como jugador de baloncesto no ha hecho nada más que comenzar, pero en su día a día hay tiempo para más cosas…

«Nosotros entrenamos por el día y por la tarde, y cuando hay alguna baja interior en el primer equipo subo para ayudar al equipo de Joan Plaza. No obstante, además de jugar, también estoy estudiando inglés y estoy organizando junto a unos amigos una especie de campus en mi país, donde regalamos material de deporte para que los deportistas africanos sigan con la motivación de poder seguir trabajando y mejorando en búsqueda de sus oportunidades», explica el ‘center’ de Clínicas Rincón.

De momento el congoleño solamente es una de las sensaciones de la LEB Plata, tiene 18 años, mide 2.14 metros y su buena adaptación a la categoría senior ha invitado a que desde Los Guindos tengan ilusión con la progresión de un jugador por el que apostaron cuando no sabía siquiera botar. Uno que apenas hace cinco años salía de casa para jugar… al fútbol.

El baloncesto le cambió la vida y él quiere aprovecharlo.