En su primera temporada compitiendo en la división de plata del baloncesto español se ha convertido en una de las gratas sorpresas del curso y el Bilbao Basket, consciente de su potencial, le llamó para que le ayudase a preparar la recta final de campaña. Fue su primer contacto con la Liga Endesa, su gran reto. Jugar en la máxima categoría del baloncesto español es el objetivo de Kyle Rowley, un pívot de 2.13 metros y 25 años nacido y criado en Trinidad y Tobago, que ha tenido la suerte de crecer baloncentísticamente rodeado de varias personalidades en el mundo de la canasta y todo gracias a su paso por la Universidad de St. Marys.

El protagonista de esta historia decidió cambiarse de Universidad tras dos temporadas en Northwestern University y ahí cambió su vida (para mejor). Desde la ciudad de Evanston marchaba hasta California para iniciar allí la que el propio Rowley reconoce como la mejor etapa de su vida“Soy una persona alegre, trabajadora y feliz, que intenta aprovechar cada temporada para fijarse en lo mejor de sus compañeros y entrenadores para seguir progresando”, reconoce desde California -mientras sigue entrenando con ex compañeros- un siempre contento Kyle.

En Saint Mary’s tuvo la fortuna de compartir vestuario con jugadores de la talla de Matthew Dellavedova (Cleveland Cavaliers), EJ Rowland (Banvit), Daniel Kickert (ex-jugador del Herbalife Gran Canaria e Iberostar Tenerife, entre otros), Beau Levesque (ex-Oviedo), Mickey McConnell (Telekom Baskets, ex de Dallas), Ian O’Leary (Herbalife Gran Canaria), Diamond Simpson (Movistar Estudiantes), Patty Mills (San Antonio Spurs) o Omar Samhan (Los Angeles D-Fenders). Aprovechó el lugar en el que estaba, aprendió de sus compañeros (a los que consideraba referentes) y en la cálida California se formó para dar el salto profesional.

Foto: Zornotza
Foto: Zornotza

Él lo tenía claro. Quería jugar en España, tenía buenas referencias y era consciente desde Estados Unidos que allí se encontraba una de las ligas más potentes del Viejo Continente.

Vino en verano y en modo ‘try-out’ para preparar la temporada 2013-14 con el Oviedo Club Baloncesto pero el conjunto asturiano, a pocos días de arrancar la temporada, decidió no quedarse con sus servicios y Rowley decidió dar un paso atrás en búsqueda de dar más tarde dos hacia adelante. Y misión cumplida: jugó su primera temporada en Zornotza de la Adecco Plata y este año terminó contemplando los playoffs de la Liga Endesa como ‘hombre de negro’ y todo ello después de haber vuelto a brillar (en la Adecco Oro) con el Leyma Basquet Coruña.

Jornada sí y jornada también a lo largo de la temporada 2014-15 ha demostrado cómo se las gasta vistiendo de naranja y luciendo el escudo del conjunto gallego. Allí terminaron encantados con él y no sería de extrañar que hubiese jugado sus últimos partidos en competición FEB, y es que el ser un interior de 2.13 metros con pasaporte cotonou le podría abrir las puertas de la Liga Endesa. Su gran reto, insistimos.

Foto: lavozdegalicia.es
Foto: lavozdegalicia.es

“Aporta sobre todo rebote, en los dos aros, luego intimidación, es un 2,13 que asegura trabajo defensivo en la pintura, bloqueos, directos e indirectos y mucha actividad e intensidad en el juego. Debe mejorar su técnica individual , el juego en el poste bajo, el tiro a 5 metros, los tiros libres… y su capacidad para pasar, primer pase tras rebote, desde el poste bajo y el poste alto”, reconoce Tito Díaz, su entrenador en la presente temporada con el conjunto gallego. Es importante resaltar que Kyle jugó en su ciudad natal de Trinidad y Tobago antes de marcharse a Estados Unidos, y allí, en su país, técnicamente el baloncesto está un paso por detrás.

Ambicioso, tranquilo y con ganas de seguir creciendo. Habla Rowley, quien en su primera temporada en la Adecco Oro ha obtenido unos promedios de 9,4 puntos (54,4% en tiros de dos), 9,1 rebotes, una asistencia, 0,5 tapones y 13,7 de valoración en 25:40 minutos por choque.

“En el mundo del baloncesto quiero llegar lo más arriba posible, aún no sé donde está mi techo ni quiero poner un límite a mi desarrollo, he tenido una buena temporada en Coruña donde coincidí con un grupo de jugadores excepcional y un entrenador que confió en mí desde el primer entrenamiento. Estoy preparado para lo que venga, he disfrutado mucho en Coruña y hemos firmado buena temporada llegando a ganar a equipos de la talla de Burgos, Breogán o Palencia”.

Rowley sabe que la clave en el baloncesto es la de ir paso a paso y por eso empezó en la Adecco Plata. De ahí escaló a la segunda categoría del baloncesto español y ahora sueña con competir en la primera, la Liga Endesa. Su personalidad en la pista, el ser un cotonou (no ocuparía plaza de extracomunitario) de 2.13 metros que no ha parado de progresar en los últimos años y su excepcional temporada por tierras gallegas podría darle una nueva oportunidad. Tiene 25 años y él lo tiene claro: “Yo no dejaré de trabajar nunca, siempre se puede mejorar y el objetivo es superarme a mí mismo. Lo mejor siempre está por llegar tanto en el mundo del baloncesto como en la vida”.

¿Será Rowley el primer trinitense en jugar en la máxima categoría del baloncesto español? Visto lo visto, novias no le deberían faltar…